MADRE ES MADRE, AUNQUE SEA DE CARTÓN

P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

Existen muchos halagos para agradecer a Dios por las mujeres que son madres. Por ejemplo, “Madre solo hay una”, “Madre es madre, aunque sea de monte y caballo”. En otros lugares dirían esto mismo, pero cambiándole la segunda parte, es decir, madre es madre, aunque sea de carlón o de bejuco, etc. En sencillas palabras, lo que estamos diciendo es lo siguiente: sin importar el lugar, estatus social, circunstancia, una madre siempre lo será en cualquier terreno.

Ser madre es un don y una gracia dada por Dios. Igualmente es un privilegio y una responsabilidad, porque ellas se convierten en las únicas que son promotoras y conservadoras de la especie humana. Sin madres, hace ya miles de años que la humanidad entera hubiera desaparecido. Esto quiere decir, en resumidas cuentas, que las que poseen este regalo jamás lo pueden ver como una carga, un castigo o una maldición, ni mucho menos como una condición inferior ante el hombre.

Una madre es una luz de esperanza, es la que se ofrece en cuerpo y alma por sus criaturas, es un ser sagrado y digno de admiración, porque es capaz de soportar agua, sol y sereno por defender y proteger a sus hijos. Solo ella sabe de amor pleno y comprometedor, porque en su proceso materno tuvo que llevar durante nueve meses su prole en el vientre, por esta razón sabe lo que significa sufrir. Por eso, ser madre no es un lujo, una moda ni mucho menos un capricho momentáneo que le cruzó por la cabeza a ciertas mujeres para saber qué se siente tener un bebé.

Ser madre es algo más que parir y lanzar infantes a la sociedad. De aquí que la tarea materna no se reduce solamente a comprarle al niño ropa, juguetes, llevarlo al parque, colocarlo delante de una televisión o de una tablet para que se entretenga con sus programas infantiles. Pues no, es más que llevar este título. Sobre todo, cuando decimos que una mujer es una verdadera madre, lo hacemos porque reconocemos que ha estado con sus hijos en las buenas y en las malas, apoyándole para desarrollar sus virtudes y corrigiéndolo en sus defectos, cada vez que sea necesario, haciendo honor a la frase del filósofo y matemático, Pitágoras: “Educar al niño y no será necesario castigar al hombre”.  

En definitiva, una madre es aquella que ha gastado su tiempo con sus hijos, entregándose y desvelándose. Es la que se cohibió de salir de su casa a divertirse y a pasarla “bien”. Es la mujer que sacrificó todo para criar a un ser humano que promoviera la bondad, la justicia, la honestidad, y todos los valores que hacen posible una nación mejor habitable, evitando así, que cayera en malos pasos. En síntesis, madre es madre, aunque sea de cartón, bejuco, monte o caballo. 

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