Memoria Libre: San Beda el Venerable, Presbítero y Doctor de la Iglesia o San Gregorio VII, Papa o Santa María Magdalena de Pazzi, Virgen
Sábado, 25 de mayo del 2024
Homilía: Solemnidad: Santísima Trinidad. Ciclo B
Color: VERDE o BLANCO
- Primera Lectura. Stgo 5, 13-20: “Mucho puede hacer la oración del justo”.
- Salmo Responsorial. 140, 1-2.3 y 8: “Suba mi oración como incienso en tu presencia, Señor”.
- Evangelio. Mc 10, 13-16: “Dejen que los niños se acerquen a mí: no se lo impidan; de los que son como ellos es el Reino de Dios”.
“Él ha pagado el mismo precio para salvarnos a todos”
Los discípulos rechazan a quienes presentan a los niños para que Jesús los bendijera, ¿por qué razón adoptaron los discípulos esta actitud? Quizás porque decidieron actuar como si fueran una especie de «guardaespaldas» que le protegían de visitas inadecuadas. Probablemente también creyeron que el Maestro no tenía tiempo para estos pequeños, puesto que tenía cosas mucho más importantes que hacer.
En cualquier caso, lo que queda claro es que para ellos los niños no eran demasiado importantes. Tal vez pensaban que ese tipo de «criaturas» siempre hacen mucho alboroto con sus llantos, gritos y risas, y que eso sólo sirve para distraer a las personas que tienen interés por escuchar. Es decir, para los discípulos, los niños eran una molestia innecesaria que querían evitar. Al fin y al cabo, pensaban ellos, el reino de Dios es una cosa de adultos.
En la actitud de los discípulos que Jesús reprendió, tenemos también una clara advertencia para todos nosotros. Porque es fácil caer en la tentación de pensar que en la «obra cristiana» debemos dirigir nuestra atención hacia las «personas importantes» de este mundo, que son las que realmente nos pueden ayudar. Pero esto es una terrible equivocación. En ninguna otra parte hay más futuro que en un niño, primeramente, porque tienen toda la vida por delante, y también porque son fácilmente moldeables, a diferencia de las personas adultas en las que se han arraigado muchos malos hábitos que sólo con muchas dificultades lograrán dejar. Además, como cristianos, somos llamados a no hacer diferencias de personas dentro de la Iglesia cristiana, porque para Dios no hay ninguna persona más importante que otra, puesto que Él ha pagado el mismo precio para salvarnos a todos.
Por lo tanto, con su indignación, puso de relieve que en el Reino de Dios es una obra de mayor importancia el llevar a los niños a los pies de Jesús. Algunos pueden pensar como los discípulos, que los niños no se enteran de nada y que lo único que hacen es dar guerra y molestar, pero nunca debemos olvidar que todo aquello que oyen y ven en los primeros años de sus vidas, les ayudará a formar su carácter y difícilmente lo olvidarán.
Ya sabemos, si queremos ganar el Reino tenemos que comportarnos como niños, rebajarnos, hacernos pequeños, vivir en total dependencia de Dios, al considerarnos como hijos y fortalecer nuestra vinculación con Él. Esto indica que el Señor nunca se comportaría como discípulo, siempre en cuanto encuentre receptividad y acogida para sus correcciones.
Abracemos a nuestros niños, especialmente a quienes injustamente viven experiencias de dolor. Como cristianos, ¿estamos abrazando a niños más pobres?, ¿somos valientes para defender la vida de los niños nacidos y de los que están por nacer?, ¿a qué podemos comprometernos en términos de cuidado y protección de los niños y niñas?
Que las palabras de Jesús resuenen en nuestro corazón para defender la vida de los más pequeños en todas sus expresiones, recordando que “cada niño está en el corazón de Dios desde siempre” (Amoris Laetitia 168).
(Guía Litúrgica)
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