Homilía: I Domingo de Pascua. Ciclo A

10 de abril del 2023

  • Primera lectura:Hch 10,34ª.37-43: El gran acontecimiento que trascendió.
  • Salmo Responsorial: 117: Piedra desechada… Piedra angular.
  • Segunda lectura: Col 3,1-4: Busquen los bienes más altos.
  • Evangelio: Jn 20,1-9: Al ver los signos del Resucitado, creyó.

Color: BLANCO

Jesucristo ha resucitado: en verdad resucitó

Hoy, Domingo de Pascua, Domingo de la Resurrección del Señor, la Iglesia se goza en la razón de ser de nuestra fe.

Toda la vida de los cristianos, lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, nuestros sufrimientos, alegrías y esperanzas, nuestras luchas, tienen sentido porque, así como Jesucristo ha resucitado, un día también nosotros resucitaremos con Él. En la oración colecta, hemos dado gracias a Dios porque “en este día nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte”, y le hemos pedido “ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida”.

Sin abandonar el sentido comunitario de nuestra reflexión, queremos valorar la dimensión personal del misterio de la resurrección del Señor. La comunidad cristiana está formada por personas que, cada una de ellas, están llamadas a estar o están centradas en Cristo y llenas del Espíritu Santo. “La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros predicamos. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado.” (Rom 10, 8-9)

Las lecturas de la liturgia de este domingo son una invitación a creer y nos piden una respuesta personal.

El apóstol san Pedro, en la primera lectura, lleno del Espíritu Santo, proclama la Buena Nueva de la Resurrección e invita a cada uno a creer en el nombre de Jesús, por el que recibimos el perdón de nuestros pecados, la salvación y la vida. Invita también a tener una relación personal con Jesús y a entregar la vida a Él.

Todos tenían una idea de quién era Jesús. Y a partir de lo que todos sabían de Jesús (“que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él”), cuenta su propia experiencia de Jesús (“Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con Él después de su resurrección”), se apoya en las experiencias de otros que habían creído y anunciado la salvación (“De Él dan testimonio todos los profetas”) y anuncia la Buena Nueva (“que todos los que creen en Él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados”, no por méritos propios sino por gracia de Dios). Estas palabras del apóstol Pedro van dirigidas, hoy, a cada uno de nosotros.

El evangelio nos invita a creer para tener vida. No basta ver las señales de que Cristo vive, debemos creer. María Magdalena y el apóstol Pedro vieron la losa quitada, las vendas en el suelo. El otro discípulo no solo vio, “vio y creyó”. “Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos”. Leyendo este evangelio en una dimensión personal, ese discípulo puedes ser tú. La invitación es que creas, para que tengas vida plena, vida eterna. Y, si ya crees, puedas decir Señor,“creo, pero aumenta mi fe” (Mc 9,24).

A aquellos que creemos, el apóstol Pablo, en la segunda lectura, nos dice: “ustedes han muerto” (en tiempo pasado, al pecado, a las apetencias de la carne, a Satanás); “y su vida está con Cristo escondida en Dios” (en tiempo presente) y “Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, (al final de los tiempos) entonces también ustedes aparecerán gloriosos, juntamente con Él”.

Cantemos, con el salmista “viviré para contar las hazañas del Señor”, “Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo”.

(Guía mensual)

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