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Moniciones

Moniciones: XX Semana.  Tiempo Ordinario.  18 de agosto del 2026

Lervidina Castro Hernández

Color: VERDE

  • Primera Lectura. Ez 28,1-10: “Con agudo talento de mercader ibas acrecentando tu fortuna, y tu fortuna te llenó de presunción”.
  • Salmo responsorial: Dt. 32,26-28.30.35cd-36ab: “Yo doy la muerte y la vida”.
  • Evangelio. Mt 19,23-30: “Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar?”.

Queridos hermanos en el Señor, muy buenos días, tardes o noches.

Hoy nuestro corazón tiene una nueva oportunidad de volver a Dios, y Cristo es el camino.

El Evangelio de hoy nos ofrece una gran enseñanza. El encuentro del joven rico con Jesús y la retirada de aquel ante las exigencias del discipulado cristiano brindan la ocasión propicia para que el Maestro se pronuncie sobre el tema de las riquezas.

«Soy Dios, entronizado en solio de dioses en el corazón del mar».

Jesús afirma con toda claridad que, para los ricos, es difícil entrar en el reino de Dios.

Lervidiana Castro Hernández/ lervidianacastrohernandez1976@gmail.com

El que preside: A Dios, para quien todo es posible, pidamos con fe: ”Señor, haz nuestro corazón semejante al tuyo”.

  1. Por los cristianos que son llamados a ser en el mundo testimonio de la pobreza evangélica: que el Espíritu Santo les conceda el coraje de vivir concretamente lo esencial, viendo la riqueza material como un medio y no como un fin en sí mismo. Oremos.
  2. Por el Santo Padre y todo el clero: para que, en coherencia con la pobreza que los evangelios muchas veces presentan como valor esencial, lleven un estilo de vida libre del lujo y de lo superfluo. Oremos.
  3. Por los consagrados que, en el nombre de Jesús, han dejado toda riqueza y oportunidad en el mundo. Para que puedan alcanzar el ciento por uno prometido por el Señor, que nunca se deja ganar en generosidad. Oremos.
  4. Por todas las personas que viven la pobreza con disgusto, frustración y rabia. Para que sean tocados por la gracia del Espíritu Santo que ilumina las mentes y los corazones y los hace capaces de aceptar con docilidad las adversidades y las precariedades de la vida. Oremos.

El que preside: Padre bueno, te bendecimos porque al que tiene el corazón libre le prometes que se alegrará y gozará de ti en tu Reino. Haz que aprendamos a vivir con gratitud nuestra pobreza. Por Cristo nuestro Señor.  Amén.

“Creo, Jesús mío, que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar; te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti. No permitas, Señor, que vuelva jamás a abandonarte”

(San Alfonso María de Ligorio).

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