Moniciones: Domingo XVII del Tiempo Ordinario
Monición de entrada
Hermanos y hermanas, bienvenidos a esta celebración. Hoy el Señor nos enseña a orar. Como los discípulos, venimos con la misma súplica en los labios: «Señor, enséñanos a orar». Pongámonos en pie y recibamos con alegría a quien preside esta asamblea en nombre de Cristo.
Monición a las lecturas
Escucharemos primero cómo Abrahán intercede ante Dios por una ciudad entera, y descubriremos que la misericordia divina siempre llega más lejos de lo que imaginamos. San Pablo nos recordará que por el bautismo hemos resucitado con Cristo. Y en el Evangelio, el mismo Jesús pondrá en nuestros labios la oración del Padrenuestro. Escuchemos con atención.
Oración de los fieles
Presentemos al Padre nuestras súplicas, diciendo: Padre nuestro, escúchanos.
- Por la Iglesia, para que sea siempre casa de oración abierta a todos. Roguemos al Señor.
- Por quienes gobiernan las naciones, para que trabajen por la justicia y la paz. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren y sienten que sus oraciones no son escuchadas, para que encuentren consuelo y compañía. Roguemos al Señor.
- Por nuestra comunidad parroquial, para que crezca en la escucha de la Palabra. Roguemos al Señor.
- Por nuestros difuntos, para que gocen ya del rostro del Padre. Roguemos al Señor.
Monición a las ofrendas
Con el pan y el vino llevamos al altar nuestro trabajo de la semana, nuestras peticiones y también nuestros cansancios. Que el Señor lo reciba todo.
Monición a la comunión
Acerquémonos con fe. El Padre nos da hoy, más que ningún otro don, a su propio Hijo.
Monición de despedida
Volvemos a casa con una oración aprendida de labios de Jesús. Que esta semana el Padrenuestro no sea una fórmula, sino una conversación. Podéis ir en paz.