Sábado, 14 de marzo del 2026
IV Domingo del Tiempo de Cuaresma. Ciclo A. 15 de marzo del 2026
Color: MORADO
- Primera Lectura. Os 6,1b-6: “Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos”.
- Salmo responsorial: 50,3-4.18-19.20-21ab: “Quiero misericordia y no sacrificios”.
- Evangelio. Lc 18,9-14: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.
“Volver al Señor”
La Cuaresma nos pone frente a una invitación clara y exigente: volver al Señor. No como un gesto simbólico ni como una frase aprendida, sino como un movimiento real del corazón. “Vamos a volver al Señor”, dice el profeta Oseas, y en esas palabras cabemos todos. Caben nuestras historias, nuestras búsquedas, nuestras caídas y también ese deseo profundo de vivir de otra manera. Volver implica reconocer que algo se ha desordenado, que no siempre hemos caminado en la dirección correcta y que necesitamos reorientar el rumbo.
Dios no se sorprende de nuestras fragilidades. La Palabra es contundente y, al mismo tiempo, consoladora: Él hiere para sanar, corrige para restaurar, permite la herida para que no nos conformemos con una vida superficial. En nuestra experiencia, muchas veces confundimos la acción de Dios con castigo, cuando en realidad se trata de una llamada a la vida plena. Volver al Señor es confiar en que su fidelidad es más fuerte que nuestras incoherencias y que su misericordia no se agota.
La voz del profeta nos sacude porque desnuda una fe que puede volverse frágil y pasajera: “Su piedad es como nube mañanera”. No basta con emociones momentáneas ni con gestos religiosos aislados. Dios desea algo más profundo: “Quiero misericordia y no sacrificios; conocimiento de Dios más que holocaustos”. Esta afirmación nos obliga a revisar el centro de nuestra vida creyente. No se trata de acumular prácticas, sino de permitir que la relación con Dios transforme la manera en que vivimos, pensamos y nos relacionamos con los demás.
En el salmo encontramos la actitud justa para este camino. El sacrificio que agrada a Dios no es el que impresiona, sino el que nace de un corazón sincero, quebrantado y humilde. No hablamos de un corazón derrotado, sino de uno que ha dejado de justificarse y se abre a la verdad delante de su Creador. La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos lavar de nuevo, para permitirle a Dios que toque lo que hemos ido endureciendo en el corazón con el paso del tiempo.
San Lucas concreta esta llamada con una parábola directa y sin adornos. El fariseo y el publicano revelan dos maneras de presentarnos ante Dios. Una que se apoya en los propios méritos y otra que se sostiene únicamente en la misericordia. Jesús no elogia el pecado del publicano, sino su verdad. Y cuestiona al fariseo no por cumplir, sino por colocarse por encima de los demás. La Palabra nos interpela con claridad: cuando la fe se convierte en cumplir y llenar casillas, deja de ser el camino de salvación.
Este mensaje es especialmente luminoso en este tiempo de Cuaresma. El Bautismo nos hizo nuevas criaturas, pero esa gracia necesita ser renovada desde dentro. La conversión bautismal no es un ideal abstracto; es una tarea diaria que se juega en actitudes concretas: en la misericordia que ofrecemos, en el juicio que evitamos, en la humildad con la que reconocemos que seguimos necesitando a Dios.
Volver al Señor es aceptar que no nos salvamos por lo que hacemos, sino por lo que Él obra en nosotros. Es caminar sin máscaras, con menos apariencia y más verdad, dejando que su misericordia nos reordene por dentro. Si en esta Cuaresma damos ese paso sincero, nuestra fe no será un rocío que se evapora al amanecer, sino una lluvia que empapa la tierra renueva la vida y nos encamina, juntos, por un verdadero camino de santidad.
(Guía Litúrgica)
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hi
Deseo leer laso moniciones porque me hace entender mejor las lecturas gracias
Puedo recibir diaria mente la palabra diría?
Quisiera que me mandasen las moniciones de las lecturas del Domingo.



Interesante percatarse de lo que decís aquí: como la comodidad y las pequeñas seguridades pueden anestesiar el corazón olvidando las…