Por Sor Laidys Peguero Rodríguez

Muchas personas llevan sobre sus hombros el peso del arrepentimiento por las cosas que quisieron decir y no dijeron, por lo que quisieron hacer y no hicieron.

Arrepentirse tiene dos connotaciones: aquel arrepentimiento que trae consigo vida y el que trae definitivamente la muerte espiritual.

En primer lugar, arrepentirnos sinceramente de los pecados y errores cometidos, porque descubrimos que con ellos hemos dañado a alguien y a nosotros mismos, es un canal a través del cual corre vida, alegría, renovación y paz, nos lleva a buscar formas de enmendar nuestros errores.

En segundo lugar, arrepentirnos, encerrándonos en el propio mal, quedándonos dando vueltas, sin esperanza de cambio o solución, es un canal a través del cual llega la desesperación, frustración y depresión y por consiguiente la extinción de todos las posibilidades, dones y alegría que podamos tener.

Hoy, miremos con detenimiento que matiz tiene nuestro arrepentimiento, si está encaminado a enmendar el mal causado o por el contrario nos encierra en ese mal sin dejarnos salida. En este caso, prestemos atención, busquemos ayuda y pidamos la gracia divina para reconocer que podemos cometer errores, pero que tenemos un mundo de formas de enmendarlos y restablecer relaciones sanas y que generan vida.

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por P. Domingo Vasquez Morales

Los Mameyes, Santo Domingo Este, Dominican Republic Nacido en Pedro García, la tierra que mana leche y el miel. Hijo de doña Eduarda Morales y Juan Isidro Vásquez. Mi madre dice que nací el día 6 de octubre, pero el papel dice que fue el 2 de noviembre, yo le creo a ella. El año no lo escribo, porque no estoy seguro. Ordenado presbítero el día 26 de enero del año 1996 (Misionero Redentorista). Estoy ejerciendo el ministerio sacerdotal en la Parroquia San Ramón Nonato, en Los Mameyes, Santo Domingo Este.