Saltar al contenido
Reflexionando la palabra
Escúchanos en Aire

Homilías

Homilía: XXI Semana.  Tiempo Ordinario.  28 de agosto del 2026

Domingo Vasquez Morales

San Agustín, Obispo y Doctor de la Iglesia

Color: BLANCO

  • Primera Lectura. 1Cor 1,17-25: “El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación”.
  • Salmo responsorial: 32,1-2.4-5.10ab y 11: “La misericordia del Señor llena la tierra”.
  • Evangelio. Mt 25,1-13: “Por tanto, velen, porque no saben el día ni la hora”.

XXII Domingo.  Tiempo Ordinario. Ciclo A. 30 de agosto del 2026

Lecturas          Moniciones         Homilía

Hoy celebramos la memoria de san Agustín, obispo de Hipona y Doctor de la Iglesia. Agustín, hijo de santa Mónica —a quien recordábamos ayer—, es una luz extraordinaria en el horizonte eclesial; su conversión y su ministerio cambiaron el rumbo de la Iglesia latina.

Nacido como Aurelio Agustín el 13 de noviembre del 354 en Tagaste (actual Souk Ahras, Argelia), es considerado uno de los grandes Padres de la Iglesia y un referente fundamental del pensamiento cristiano. Su madre lo educó en la fe, mientras que su padre, Patricio, se centró en su formación académica.

Tras ser atraído inicialmente por el maniqueísmo y la filosofía neoplatónica, se convirtió al cristianismo en el año 386. Más tarde fue ordenado obispo de Hipona, sede desde la cual combatió las herejías de su tiempo y promovió la sana doctrina. Murió en esa misma ciudad el 28 de agosto del 430, a los 75 años. Fue proclamado Doctor de la Iglesia el 20 de septiembre de 1295 por el papa Bonifacio VIII, y sus restos descansan en la basílica de San Pietro in Ciel d’Oro, en Pavía (Italia). Entre sus obras más destacadas figuran Confesiones y La ciudad de Dios, textos clave sobre la relación entre la fe, la razón y la sociedad.

La primera lectura de hoy nos habla de la verdadera sabiduría: aquella que procede de Dios y que se revela en Cristo crucificado, fuerza y sabiduría divina. Por su parte, el salmista nos invita a alabar la misericordia del Señor que llena la tierra, mientras que el Evangelio nos relata la parábola de las diez vírgenes que esperan al esposo.

En este pasaje evangélico, la luz es el elemento central: las lámparas encendidas simbolizan permanecer en gracia y mantener una vida de oración constante con Jesús. Cuando la llama empieza a debilitarse, es preciso reavivarla. ¿Cuál es, entonces, el aceite del cristiano? ¿Qué nos permite mantener encendida la luz de Cristo? Sencillamente, la oración.

Podemos realizar múltiples tareas o grandes obras por la Iglesia —fundar universidades, colegios u hospitales— y ser generosos bienhechores; pero sin oración, nada de ello reflejará la luz verdadera. ¡Cuántas iniciativas terminan en la oscuridad por falta de una oración sincera y hecha de corazón!

Que la gracia de la conversión que transformó a san Agustín siga iluminando nuestro caminar, para que con nuestro ejemplo guiemos a quienes se cruzan cada día en nuestro camino.

(Guía Litúrgica)

Si deseas recibir en tu móvil por WhatsApp, únete a este grupo: https://chat.whatsapp.com/KUofplJqn9v4YmiOuRpJF0.

También por Telegram: https://t.me/+lT2PwtlK1I04ZDgx

Noticias/Oración de la noche/Parroquia San Ramón Nonato/Diócesis Stella Maris

Parroquia San Ramón Nonato anuncia sus Fiestas Patronales 2026

León XIV vincula la plaga de la guerra con la crisis ecológica

Papá, mira a Papá Dios

Deja tu comentario

Escribe con respeto. No se admiten enlaces, correos, números de teléfono ni lenguaje ofensivo: esos comentarios se rechazan automáticamente.