Homilía: XX Semana. Tiempo Ordinario. 20 de agosto del 2026
San Bernardo, Abad y Doctor de la Iglesia
Jueves, 20 de agosto del 2026
Color: BLANCO
- Primera Lectura. Ez 36,23-28: “Ustedes serán mi pueblo, y yo seré su Dios”.
- Salmo responsorial: 50,12-13.14-15.18-19: “Derramaré sobre ustedes un agua pura que los purificará de todas sus inmundicias”.
- Evangelio. Mt 22, 1-14: “Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.
XXI Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A: 23 de agosto del 2026
“La caridad: El único traje de fiesta”
La liturgia nos presenta la parábola de los invitados a la boda. «¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!», son las palabras del Señor que parecen cumplirse en este pasaje. Los primeros invitados ignoraron la convocatoria, despreciando el cariño de quien los quería presentes en la celebración.
Podría resultar extraño este Evangelio, pues ¿cómo es posible que alguien rechace la invitación a una boda donde habrá vino, música y buen ambiente? Hoy en día, al menos, serían pocos los que rechazarían una oferta tan especial. Sin embargo, está claro que Cristo nos planteó esta parábola para hacernos comprender que todos estamos invitados a participar del gran banquete celestial.
Jesús no habita en un lugar donde no tiene amigos, y tampoco nosotros deberíamos atrevernos a presentarnos en la boda que Él organiza si no lo consideramos nuestro amigo. De esto trata la vida en gracia: de conservar su amistad y, por tanto, rechazar con firmeza todo lo que pueda ofenderle, como el contenido indecente, las malas compañías, las ofensas a nuestros padres o hermanos y las críticas destructivas.
San Agustín, respondiendo a la pregunta sobre cuál es el vestido o traje nupcial, nos dice: «El Apóstol señala: “El fin de este mandato es el amor que brota de un corazón limpio, de una buena conciencia y de una fe sincera” (1 Tm 1, 5). Este es el traje de fiesta. Pero no se trata de un amor cualquiera, pues a veces parecen amarse incluso quienes son cómplices de una mala conciencia; sin embargo, en ellos no hallamos el verdadero amor. Quienes se asocian para el delito, las supersticiones, la farándula, las carreras o los espectáculos violentos suelen apreciarse entre sí, pero no con la caridad que nace de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera. Solo un amor así constituye el traje de fiesta» (Sermón 90, 5). Este fue el atuendo interior de San Bernardo, cuya memoria celebramos hoy.
Jesús, el vestido de boda que necesito es el amor. ¡Cuántas veces priorizo mi propia satisfacción en lugar de centrar mi atención y esfuerzo en alcanzar una verdadera comunión contigo! Por la intercesión de María, ayúdame a valorar tu invitación a la santidad: eligiendo siempre la virtud frente al pecado, amando de manera desinteresada en vez de buscar mi conveniencia y cultivando la humildad frente al orgullo.
(Guía Litúrgica)
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