Homilía: XIX Semana. Tiempo Ordinario. 10 de agosto del 2026
Lunes, 10 de agosto del 2026
Color: ROJO
- Primera Lectura. 2Cor 9,6-10: “Cuando un profeta predecía prosperidad, sólo al cumplirse su profecía era reconocido como profeta enviado realmente por el Seño”.
- Salmo responsorial: 111,1-2.5-6.7-8.9: “Dichoso el que se apiada y presta”.
- Evangelio. Jn 12,24-26: “Les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”.
“Amor más fuerte que el fuego: El ejemplo de San Lorenzo”
Hoy, la Iglesia nos invita a contemplate el testimonio de San Lorenzo, diácono y mártir. Lorenzo formaba parte de los siete diáconos de Roma y gozaba de la entera confianza del Sumo Pontífice. Su misión entrañaba una alta responsabilidad: custodiar y distribuir los bienes de la Iglesia entre los más desfavorecidos.
En el año 257, el emperador Valeriano decretó una feroz persecución que condenaba a muerte a todo cristiano. El 6 de agosto, mientras celebraba la Santa Misa en un cementerio romano, el Papa San Sixto fue martirizado por la milicia imperial junto a cuatro diáconos. Tan solo cuatro días después, Lorenzo seguiría sus pasos.
Dice la tradición que al ver marchar al Santo Padre hacia el martirio, Lorenzo le exclamó: «Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?». San Sixto le consoló respondiendo: «Hijo mío, en pocos días me seguirás». Lejos de temer, Lorenzo se alegró profundamente al saber que pronto gozaría de la presencia divina.
Viendo acercarse su hora, reunió las riquezas de la Iglesia en Roma —vendiendo incluso cálices de oro, copones y candelabros— para repartir absolutamente todo entre los pobres.
Padeció el martirio al ser quemado vivo sobre una parrilla en las cercanías del Campo Verano. Decía San Agustín que el ferviente deseo de Lorenzo por unirse a Cristo adormecía en él los dolores del suplicio. Los fieles que presenciaron su entrega afirmaron ver su rostro rodeado de un resplandor celestial y percibir un suave perfume en medio del fuego.
El valor invencible de Lorenzo marcó un hito en la evangelización de Roma: su testimonio convirtió a varios senadores e inició el declive de la idolatría en la ciudad, mientras Dios obraba prodigios en favor de quienes invocaban al diácono.
Resuenan hoy las palabras de Jesús en el Evangelio: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». Seguir a Cristo implica la disposición del corazón para entregar la vida por Él. ¡Danos, Señor, esa misma valentía!
(Guía Litúrgica)
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