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Homilías

Homilía: XVIII Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A. 2 de agosto del 2026

Domingo Vásquez

Color: VERDE

  • Primera lectura: Is 55,1-3: Se deleitarán con comidas sustanciosas…
  • Salmo Responsorial: 144, 8-9.15-18: El Señor es clemente y misericordioso.
  • Segunda lectura: Rom 8,35.37-39: Somos victoriosos gracias a aquel que nos ha amado.
  • Evangelio: Mt 14,13-21: Y todos comieron y quedaron satisfechos…

El profeta Isaías, en la primera lectura, nos presenta la invitación de Dios a sellar una alianza eterna, convocándonos a sentarnos a su mesa para comer y beber gratuitamente; a saciarnos de la fuente de agua viva que es Jesús, nuestro Salvador.

El Señor es clemente y misericordioso, es bueno con todos y bondadoso en cada una de sus acciones. «Está cerca de los que lo invocan —dice el salmista—, de los que lo invocan sinceramente». Por eso podemos acercarnos a Él con plena confianza y esperanza.

El Evangelio de hoy nos muestra la reacción de Jesús ante la muerte de Juan el Bautista. Es como si supiera que ha llegado el momento de salir a anunciar el Reino de Dios con la fuerza del Espíritu. La continuación del texto nos lleva a la multiplicación de los panes para alimentar a la multitud hambrienta que escucha al Pan de Vida.

Jesús no se encierra en el duelo por Juan; su dolor no lo aísla, sino que lo abre aún más al sufrimiento ajeno y a la compasión, convirtiéndose en el motor de su misión. Él desinstala a los discípulos y les confía la responsabilidad de ser generosos, haciéndolos parte activa del milagro.

Como Iglesia, a menudo pensamos que no tenemos lo suficiente para compartir, que nos falta tiempo para sumarnos a un voluntariado, que estamos demasiado cansados o sencillamente sin ánimo. Olvidamos que poseemos mucho para dar: nuestras palabras, talentos, habilidades y, sobre todo, nuestro tiempo. El Señor es capaz de multiplicar todo esto si tan solo lo ponemos en sus manos.

Que el Señor nos conceda un corazón compasivo como el suyo, capaz de ver la necesidad del hermano y de ofrecer, sin miedo, nuestros cinco panes y dos peces, confiando en que Él se encargará del resto.

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