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Homilías

Homilía: XVII Semana.  Tiempo Ordinario.  29 de julio del 2026

Domingo Vásquez

Color: BLANCO

  • Primera Lectura. 15,10.16-21: Frente a este pueblo te pondré como muralla de bronce inexpugnable”.
  • Salmo responsorial: 58,2-3.4-5a.10-11.17.18: “Dios es mi refugio en el peligro”.
  • Evangelio. Mt 13,44-45: “Lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo”.

Hay momentos en la vida en que seguir a Dios no resulta fácil. Aparecen el cansancio, la soledad y la incomprensión. El profeta expresa esa experiencia con crudeza: ha amado la Palabra y la ha hecho su alegría, pero también ha experimentado el peso de la misión y el dolor del rechazo.

Sin embargo, en medio de esa lucha interior, Dios responde con una invitación firme: volver, purificar el corazón y permanecer fiel. No es un llamado a abandonar, sino a profundizar; a no dejarse llevar por el entorno, sino a mantenerse firme. Y, sobre todo, a confiar en que Él sostiene, protege y acompaña, incluso cuando el camino se vuelve difícil.

El salmo recoge esa confianza: Dios es refugio, fortaleza y amparo en medio del peligro. No elimina la dificultad, pero da la fuerza para atravesarla. Quien se apoya en Él no queda solo, aunque todo alrededor parezca inestable.

El Evangelio lo ilumina todo con una clave decisiva: el Reino de Dios es un tesoro por el que vale la alegría darlo todo. No es una carga, sino una elección llena de sentido. Quien lo descubre de verdad no duda en reorganizar su vida y renunciar a lo que sea necesario, pues ha encontrado algo mayor.

En la memoria de Marta, María y Lázaro, esta verdad se vuelve concreta. Cada uno, desde su propio modo de ser, vivió una relación real con Jesús: Marta desde el servicio, María en la escucha y Lázaro desde la experiencia de ser levantado por Él. Sus vidas muestran que el encuentro con Cristo transforma, sostiene y da sentido, aun en la adversidad.

En este camino de santidad que recorremos como Iglesia, se nos invita a integrar estas dimensiones: escuchar, servir y confiar. La sinodalidad nos ayuda a vivir como una comunidad que acompaña, sostiene y camina unida en la fe.

Hoy el Señor nos plantea una pregunta silenciosa: ¿hemos descubierto realmente el valor de su Reino? Solo quien lo reconoce como tesoro es capaz de mantenerse firme en medio de la prueba. Y cuando ese tesoro ocupa el centro, todo lo demás encuentra su lugar.

(Guía Litúrgica)

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