Homilía: María, mujer de la escucha
De María sabemos poco. El Evangelio le dedica muy pocas líneas y ella habla en contadas ocasiones. Pero de esas pocas veces, dos frases lo sostienen todo: «hágase en mí según tu palabra» y «haced lo que Él os diga».
Una mirando hacia Dios. Otra mirando hacia nosotros. En medio, toda una vida.
Escuchar antes que hablar
San Lucas repite dos veces la misma nota: «María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón». No lo entendía todo. No se le explicó el plan completo. Guardaba y rumiaba.
Vivimos rodeados de ruido y de opiniones inmediatas. Cuesta guardar algo sin comentarlo, sin publicarlo, sin resolverlo esa misma tarde. María nos enseña otra cosa: que hay verdades que solo se entienden después, y que la fe también es paciencia.
El Magníficat no es un canto dulce
Nos hemos acostumbrado a imaginar el Magníficat como una canción suave. Léanlo despacio otra vez:
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Eso lo canta una muchacha de pueblo, embarazada, en un país ocupado. No es una canción de cuna: es un anuncio de que Dios se pone de un lado concreto. Del lado de los que no cuentan.
La fe en lo oscuro
Y luego está el silencio del Calvario. María de pie junto a la cruz, sin milagro, sin explicación, sin que nada de lo prometido pareciera cumplirse. Ahí está su fe más grande: no en la Anunciación, sino cuando todo indicaba lo contrario.
A muchos de ustedes les toca esa hora ahora mismo: una enfermedad, un hijo que se fue, un trabajo perdido. María no viene a decirles que no duele. Viene a acompañarles de pie.
Esta semana
- Guardar una frase del Evangelio y volver a ella cada día, sin prisa.
- Preguntarme de qué lado estoy: del de los que se colman o del de los que se despiden vacíos.
- Acompañar de pie a alguien que esté pasando su Calvario.