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  • Primera Lectura. II Mac 6, 18-31: Tú, Señor, que todo lo conoces, bien sabes que pude librarme de la muerte; pero, por respeto a Ti, sufro con paciencia y con gusto crueles dolores en mi cuerpo y en mi alma”.
  • Salmo Responsorial. 3, 2-3.4-5.6-7: “El Señor me sostiene”.
  • Evangelio. Lc 19, 1-10: “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”.

Amadísimos hermanos en la presencia santa de nuestro Señor Jesucristo, muy buenos días, tardes o noches.

El señor a través de la liturgia nos invita a practicar el valor de la honestidad consigo mismo y los demás.

Que la presencia de Cristo y sus palabras cambien nuestros corazones y seamos capaces de retribuir a aquellos a quienes les hayamos hecho mal, que les hayamos hecho sufrir, que les hayamos quitado su paz.

Sabiendo que donde entra Cristo entra la salvación, no permitamos que nada se interponga para recibirlo a Él como huésped en nuestro hogar.

Era uno de los principales maestros de la ley.

¡Señor, ven a nuestra casa! Nosotros también queremos que Tú te alojes en ella para que nos ayudes a vivir la honestidad en nuestra familia

El que preside: Oremos al Señor, nuestro Dios.  Él distribuye sus dones entre nosotros.

Responderemos diciendo: “Señor, ayúdanos a producir frutos abundantes”

Para que la iglesia haga fructificar el tesoro de valores que Cristo ha depositado en ella.  Roguemos al Señor.

Para que los que tienen autoridad en las naciones hagan de nuestro mundo un lugar de paz y Justicia.  Roguemos al Señor.

Para que los enfermos terminales y los que sienten cercana la muerte puedan experimentar la paz del señor y el cariño de sus familiares y amigos.  Roguemos al Señor.

Para que los pobres, los que están en desempleo, los enfermos, los que carecen de cultura y formación, los que viven solos, los que no tienen alimentos o agua potable, los que no tienen un hogar digno, los que han tenido que emigrar, encuentren en nosotros comprensión consuelo y ayuda.  Roguemos al Señor.

Para que no caigamos en la tentación de la pereza, la rutina el inmovilismo el adocenamiento, y pongamos en rendimiento los dones recibidos al servicio de todos.  Roguemos al Señor.

El que preside: Escúchanos, Señor, y ten misericordia, cuando vuelvas y te pongas a ajustar las cuentas con nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Gregoria Mejía Hilario/greymhilario@gmail.com

“Creo, Jesús mío, que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar; te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti. No permitas, Señor, que vuelva jamás a abandonarte”

(San Alfonso María de Ligorio).

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