XVIII Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A

2 de agosto de 2020Color: VERDE

Domingo, 2 de agosto de 2020 

 

Citas bíblicas:

 

-         1ra lect.: Is 55,1-3

-         Sal 144, 8-9.15-18

-         2da lect.: Rom 8,35.37-39

-         Evangelio: Mt 14,13-21

 

"Compartir el pan"

 

Neptalí Díaz Villán

 

Nos encontramos hoy con un relato evangélico que comunica algo central en el proyecto de Jesús. Está redactado en forma de milagro, un género literario muy usado en la época. No todos los textos bíblicos están en los cuatro evangelistas; algunos se encuentran únicamente en los sinópticos (Mt, Mc y Lc), otros sólo en el libro de Juan, algunos son propios de cada evangelista y unos pocos están en los cuatro evangelios, entre ellos el relato de Mateo que hoy leemos. Marcos y Mateo lo narran además dos veces cada uno; así que en total hay 6 narraciones de este mismo acontecimiento. Esto no es casualidad.

Más que un momento puntual en la vida de Jesús, el presente relato abarca toda su vida, su trabajo, el desarrollo de su ministerio público, su dimensión ético social, lo que en filosofía latinoamericana se llama la praxis histórica.

Según el texto, Jesús buscó un lugar desierto y apartado. A Juan el Bautista lo habían asesinado y eso hacía que el ambiente fuera peligrosopara estar a la luz pública. En momentos duros de persecución los seres humanos sentimos que los ánimos se bajan y es preciso la reflexión y la oración, a fin de llenarnos de la fuerza y la sabiduría de Dios para enfrentar mejor la realidad. Pero, la gente que veía en Jesús una luz de esperanza para sus vidas, lo siguió caminando desde las ciudades. No lo siguió en carruajes o en caballos, ni siquiera en burro. ¡Se fue caminando! Se trataba de gente pobre, hambrienta y enferma, no se sabe qué tipo de enfermedad, pero sabemos que la enfermedad representa las fuerzas que no nos permiten vivir en libertad y desarrollarnos con nuestras plenas facultades humanas.

Y dice el texto que Jesús sintió compasión por ellos y los sanó. Todo el actuar de Jesús fue movido por la compasión. A él le dolía el dolor humano, lo sentía como propio, sufría en su propia carne con quien sufría. La compasión hizo que se moviera hacia aquel que padecía algún tipo de carencia, frustración, dolor o necesidad real insatisfecha para hacer algo por él. El dolor del otro fue el lugar de encuentro para que él manifestara todo el amor del Padre y Madre Dios que rebosaba su corazón. Y lo hizo por medio de actos concretos: salud para el enfermo, comida para el hambriento. Pero no solamente eso, fue mucho más allá. No se quedó en el acto mediático y muchas veces utilizado por los oportunistas de cualquier ángulo religioso o político, para engañar al pueblo y ganar adeptos. Estos vendedores de ilusiones convierten la necesidad, el dolor y la miseria del pueblo en el escenario perfecto para el pantallazo y para presentarse como la solución a todos sus problemas.

Vemos, entonces, que en muchos casos, esta práctica de Jesús no responde a la de los líderes de hoy. ¡Una imagen vale más que mil palabras! Un pantallazo en tiempo de elecciones vale más que mil razones. No es raro ver a nuestros gobernantes, sobre todo cuando están en campaña, repartir personalmente y ¡claro!, ante las cámaras, bonos de alimentación, becas para estudio de niños pobres, préstamos flexibles para madres cabeza de hogar, dotación para las escuelitas públicas, y otros “regalos”, que lo pudieran hacer los directos encargados de las diferentes dependencias gubernamentales. Así se evitaría tanta aglomeración, confusión y el desplazamiento desde la capital. Pero el impacto en imagen que produce un “Papá Noel” es muy grande, así la alegría dure poco. La escena se repetirá cuando sea necesario otro golpe de opinión.

La gente que era despreciada, explotada, excluida y maltratada en su dignidad por el sistema social, encuentra en Jesús a alguien que le dedica tiempo, se entrega a ellos con sus palabras y sus actos de amor, les devuelve la esperanza y el amor propio, les comunica vida; la vida del Padre que tiene a manos llenas. Por su parte los discípulos están con él, pero pareciera que en el fondo no lo estuvieran porque no han comprendido su palabra y su obra. Mientras Jesús acoge la gente y le comunica vida, ellos le dicen: “Despide la multitud para que vayan a las aldeas y compren de comer”. Corremos el riesgo de estar con él, pero a su vez de asumir estas mismas actitudes de los discípulos. Jesús sí, la gente no. Y eso va totalmente en contra de su querer. No se puede entender a Jesús sin su proyecto, sin su causa, sin su opción fundamental: el Reino de Dios y su justicia, la vida digna para las personas, para todas las personas.

Y lamentablemente hay que reconocer que muchas veces hemos caído en eso. “Los curas a las sacristías”, se le oyó decir hace unos años a un ilustre ministro. A la Iglesia le corresponde lo espiritual y a la gente del mundo lo material, pues los sacerdotes son los médicos de las almas, dicen otros despistados.

Es más fácil y menos peligroso hablarle al pueblo de las llamadas “verdades eternas”: el cielo, el infierno y el purgatorio; de cómo tener unas almas limpias de todo pecado para alcanzar el cielo, y de los dogmas “probados”, seguros e infalibles; que del día a día y nuestro compromiso ético social con la construcción de la historia, donde, como cualquier mortal, nos podemos equivocar y meter en problemas. Siempre va estar esa tentación de los discípulos: “despide la multitud”, no nos metamos en eso porque puede ser peligroso.

Además, siempre va a estar la tentación monetaria - mercantilista en una sociedad que pretende alcanzarlo todo con dinero: “para que vayan a comprar”. Mucha gente para dar respuesta a los problemas de pobreza, espera un benefactor que ayude a comprar comida para la multitud hambrienta. Mucha gente anhela un estado paternalista que reparta pan, es decir que cubra las necesidades básicas como por arte de magia.

Ante la propuesta evasiva y monetaria - mercantilista de los discípulos, Jesús les propuso: “denles ustedes de comer”. Teniendo en cuenta todo el texto, no es una propuesta asistencialista, es la invitación a dar respuesta a las necesidades reales. De ninguna manera se propone tomar las dos espadas: el poder religioso y el poder político, como se interpretó erradamente en los llamados imperios “sacros” durante el oscurantismo medieval.

Al igual que los discípulos, tenemos la tentación de evadir la problemática y de buscar miles de excusas para decir que no es posible hacer algo, que los problemas son muy grandes y nuestras fuerzas muy pequeñas. Podríamos encontrar miles de “peros”: Pero es peligroso meterse en eso, pero es que la gente no agradece, pero es que todo está manipulado por los poderosos, pero es que es imposible hoy incursionar el mercado, pero es que algo alternativo es muy difícil… “Pero no tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados.”

Pues precisamente, hace miles y miles de años, ese tipo de realidades adversas, esas situaciones límites, fueron responsables en gran parte a que diéramos el salto hacia la humanidad. Porque los problemas y la necesidad de solucionarlos estimularon el pensamiento, la creatividad, la búsqueda, el riesgo y nos hicieron sentir, además, la necesidad de algo más grande que nosotros mismos, de una gracia especial para enfrentarlo todo.

Los pueblos fueron experimentando esa presencia de manera distinta según su riqueza cultural y religiosa. Los hebreos sintieron que se les revelaba y los capacitaba para enfrentar al Faraón y su ejército, al mar rojo y al inmenso desierto y para constituirse como pueblo autónomo y libre. A lo largo de los años de múltiples maneras, en diversos pueblos ha seguido manifestándose siempre para darnos vida. Nosotros tenemos continuamente el reto de liberarnos, de dignificarnos, de humanizarnos. Y para eso podemos contar con la Gracia de Aquel que es origen y meta de la vida, fuente de inspiración y de amor, de alegría y de esperanza y que nosotros llamamos Dios.

La palabra nos dice hoy, que no podemos evadir las necesidades reales de la gente. Como discípulos no nos es lícito hacer caso omiso al clamor de los pobres. Como discípulos y discípulas tenemos la responsabilidad ante Dios y ante la humanidad, de generar alternativas para el mejoramiento de nuestra calidad de vida sin ningún “abra cadabra”, pues en el mundo hay los recursos suficientes, pero falta organizarnos de otra manera. Cinco panes y dos peces es lo que se necesita; siete es lo perfecto. Y esa potencia, esa cantidad de comida estaba dentro de la gente, pero sin descubrir por falta de organización, porque se había acumulado tacañamente o porque tenían miedo de ponerla al servicio de la comunidad.

¡No se trata de dar limosnas! “Una moneda por amor a Dios”, suelen decir los mendigos para manipular las conciencias. Y al dar la moneda, el “benefactor” se siente justificado, a veces, sin darse cuenta que ese acto de “caridad” ayuda aumentar la mendicidad. Se trata de darlo todo, pero no sólo en términos monetarios. Es la vida misma: nuestras manos, nuestra mente y nuestro espíritu; nuestras cualidades, nuestros trabajos realizados como un apostolado para el Reino, nuestras familias como células básicas para la construcción del nuevo mundo, nuestro espacio para descansar, orar y compartir con los seres queridos, y en todo, nuestra solidaridad para dar, no de lo que sobra, sino de lo que hace parte de nuestra mesa.

¡Jesús mandó que la gente se recostara en la hierba! Según la tradición romana introducida en Israel para la época, así comían las personas libres, porque los esclavos debían comer de pies. Cuando todo lo que tenemos lo ponemos al servicio del Reino y desarrollamos libremente proyectos de producción, bendecidos por Dios y compartidos solidariamente, alcanza para todos y sobra. Doce canastos representan todo el pueblo, las doce tribus.

Si amamos con el mismo amor que nos amó Jesús y vivimos como él lo hizo, seremos capaces de desarrollar proyectos para enfrentar las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada, etc., y salir victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado. (Rom 8,35.37-39 – segunda lectura)

 

Oración

Dios, Padre, te bendecimos porque por medio de Jesús nos manifestaste todo el amor, toda la misericordia, toda la ternura y la firmeza para darle plenitud a nuestra vida. Gracias por todos los dones, por todo el alimento espiritual, por ese torrente de vida que cada día recibimos de ti.

Te pedimos que hagas despertar dentro de nosotros todo lo bueno, todo lo bello, toda la grandeza de tu amor que has puesto en nuestros corazones, a fin de que, como Jesús, actuemos siempre movidos por la compasión. Danos la capacidad para ver las oportunidades que nos brinda el medio, para trabajar juntos, en comunidad, en familia, con tu fuerza, con nuestras fuerzas, con tu gracia, con nuestra creatividad, con alegría, con esperanza, en libertad, para colmar nuestras necesidades físicas, afectivas, espirituales, culturales…

Tú conoces nuestras tribulaciones, nuestras angustias, nuestras limitaciones, nuestra desnudez, nuestra fragilidad, los peligros, la espada…Hay realidades que nos hacen sufrir… pero sabemos que con tu gracia vencemos, obtenemos amplia victoria. Creemos firmemente en esa fuerza sutil y poderosa, la misma fuerza que resucitó a Jesús de entre los muertos y que ahora nos impulsa a enfrentar las situaciones de muerte y a dignificar nuestra vida.

 

Amén

 

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VALOR DEL AÑO:

Un pueblo discípulo misionero, que tiene una experiencia personal y comunitaria con Cristo, Palabra encarnada”

 

LEMA DEL AÑO:

“Con Jesús, Palabra encarnada, nuestra vida será transformada”

 

Julio

Lema:  “El que me ve a mi, ha visto al Padre” (Jn 14, 1)

 

Valor:  Paternidad

 

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