reflexionando la palabra 9La tradición oral: «Después de la Ascensión del Señor, los apóstoles predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu de verdad.» (Concilio Vaticano ii, Dei Verbum 19). Los Apóstoles han realizado, por tanto, lo que Jesús les había ordenado: “Id y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). Así pues, ellos, respondiendo a este mandato de Cristo, anunciaron los hechos de los cuales fueron testigos durante su vida con Jesús, repitiendo sus palabras y enseñanzas, en particular a quien no lo había conocido. Así, lentamente los recuerdos y narraciones sobre Jesús, de igual modo que sus palabras y milagros, transmitidos constante y fielmente, asumieron una forma literaria específica. Por ejemplo, inmediatamente después de la Muerte y la Resurrección de Jesús, esto es, en torno al año 40 d.C., en el famoso himno que contiene la Carta de san Pablo a los Filipenses, la Iglesia cantaba: “Jesucristo, aún siendo de naturaleza divina, no se aferró a su condición divina” (Flp 2,6). 
En torno a esta predicación se puede destacar que: 

· la comunidad cristiana no crea el contenido de la predicación, sino que elabora la forma literaria; 

· dicho contenido se basa en el testimonio autorizado de los testigos oculares; 

· y es estrictamente examinado por la comunidad apostólica de Jerusalén, la cual tiene como preocupación y convicción principal ser fiel a la memoria de Jesús.


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