Homilía: XIV Semana.  Tiempo Ordinario. Año I. Sábado, 15 de julio del 2023

(Memoria Obligatoria: San Buenaventura, Obispo y Doctor de la Iglesia)

Sábado, 15 de julio del 2023

Color: BLANCO

  • Primera Lectura. Gn 49, 29-33; 50, 15-24: “Aquí nos tienes, somos tus siervos”.
  • Salmo Responsorial. 104, 1-2.3-4.6-7: “Humildes, busquen al Señor, y revivirá su corazón”.
  • Evangelio. Mt 10, 24-33: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”.

“Jesús avisó muchas veces a los suyos (de) que iban a tener dificultades en su misión”

Leemos hoy la parte final del Libro del Génesis. Jacob siente que va a morir, que va a «reunirse con los suyos» y encarga que lleven sus restos mortales al mismo lugar donde habían enterrado a sus antepasados. Queda José solo con sus hermanos y sus familias. Una vez más, aparece la magnanimidad de José y su perdón: «no tengan miedo, ¿soy yo acaso Dios?». Es Dios quien juzga.

Una vez más José interpreta lo sucedido desde la visión providencial de Dios: «ustedes intentaron hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien, para dar vida a un pueblo numeroso». Una actitud y enseñanza de José que debemos imitar: no juzgar, y perdonar.

 El Evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre la relación maestro-discípulo: “Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo”. He aquí una de esas palabras definitivas de Jesús, que debieran bastar para que nunca jamás aceptemos la menor honra. ¿Tuvo honores el Maestro? No; tuvo insultos. Luego si Él no los tuvo, no debe buscarlos nadie porque nadie es más que Él. Un discípulo, más que buscar honras, debe estar dispuesto a cargar con la cruz de Jesús y todo lo que ello implica. El destino del discípulo es el mismo de su maestro. Si éste ha sido rechazado por los círculos fariseos como enemigo del orden querido por Dios, lo mismo y más le sucederá a ellos.

La otra invitación que nos hace el Evangelio hoy es a no temer y es la idea central del mensaje ya que en 3 ocasiones se nos dice: “No tengan miedo”. Jesús avisó muchas veces a los suyos (de) que iban a tener dificultades en su misión. No les prometió éxitos fáciles o que iban a ser bien recibidos en todas partes. Al contrario, les envía como ovejas en medio de lobos, a predicar la paz y la justicia en un mundo hostil y ello conlleva ser víctima de persecuciones. Por eso, nos invita a tener confianza en Él. Si nos sentimos hijos de ese Padre, y hermanos y testigos de Jesús, nada ni nadie podrá contra nosotros, ni siquiera las persecuciones y la muerte.

El ejemplo lo tenemos en el mismo Jesús, que fue objeto de contradicciones y acabó en la cruz. Pero nunca cedió, no se desanimó y siguió haciendo oír su voz profética, anunciando y denunciando, sabiendo que incomodaba a los poderosos. Y salvó a la humanidad y fue elevado a la gloria de la resurrección.

Las pruebas y las dificultades de la vida no nos deben extrañar ni asustar. La comunidad de Jesús lleva un mensaje que, a veces, choca contra los intereses y los valores que promueve este mundo. Nos pueden perseguir, pero la fuerza del Espíritu de Dios nos asiste en todo momento. No nos cansemos, ni nos avergoncemos al dar testimonio de Cristo, y sigamos anunciando a plena luz, a los cercanos y a los lejanos, la buena noticia de la salvación que Dios nos ofrece.

(Guía Litúrgica)

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