Homilía: V Domingo.  Tiempo de Cuaresma. Ciclo A

Domingo, 26 de marzo del 2023

Citas:

  • Primera lectura:Ez 37,12-14: Pueblo mío, yo voy a abrir sus tumbas y a sacarlos de ellas.
  • Salmo Responsorial: 129: Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz.
  • Segunda lectura: Rom 8,8-11: El mismo que resucitó a Cristo, nos dará la vida.
  • Evangelio: Jn 11,1-45: Desátenlo para que pueda caminar.

Color: MORADO

«Yo soy la resurrección y la vida«

Diác Julio Reyes Guillén: Compromisoscristianos@gmail.com

El relato de San Juan no tiene sólo como objetivo narrar la resurrección de Lázaro, sino, sobre todo, despertar la fe, no sólo para que creamos en la resurrección como un hecho que ocurrirá al fin del mundo, sino para que veamos desde ahora que Dios está infundiendo vida a los que nosotros hemos enterrado. Dios puede infundir vida en cada uno de nosotros, Dios puede infundir vida en aquellos que vivimos como muertos.

Hoy se muere más tarde y también de forma más lenta. Se muere con menos dolor, pero más solos. Mejor atendidos técnicamente, pero peor acompañados.

En otros tiempos, el moribundo Advertido de la proximidad de la última hora, él mismo presidía el acontecimiento: reunía a sus seres queridos, les daba las últimas recomendaciones, pedía perdón, recibía los sacramentos y se despedía hasta la otra vida. Rara vez sucede hoy así.

No es fácil entender cómo, en una sociedad aparentemente tan celosa de la dignidad de la persona, no se genera una reacción ante este estado de cosas y no se grita con fuerza el derecho a morir con más dignidad.

La muerte pertenece a la persona y no a la medicina. El enfermo tiene derecho, no sólo a una asistencia médica que alivie su dolor y le proporcione la mejor calidad de vida posible. Ha de recibir también la ayuda necesaria para vivir su muerte de forma humana. Cuando ya no se puede curar, se puede y se debe aliviar, acompañar y ayudar a morir dignamente.

El enfermo puede necesitar curar heridas que arrastra del pasado, enfrentarse a sentimientos de culpabilidad, abrirse confiadamente al misterio, reconciliarse con Dios, pedir perdón, sentirse aceptado, despedirse con paz.

Esta es la fe de quienes creemos en Jesús: los que nosotros enterramos y abandonamos en la muerte viven. Dios no los ha abandonado. ¡Nuestros muertos están vivos!

Finalmente, he de decirles, que nosotros no esperamos participar de una resurrección como la de Lázaro, sino que esperamos una resurrección como la de Jesús, como aquella que aconteció el domingo de Pascua en la que Cristo ya no ha de morir, mientras que Lázaro vuelve a morir. Por tanto, nos dice el Señor, “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”. ¿Crees tú esto?

Que Dios nuestro Señor, sea siempre prioridad en nuestras vidas. Bendecido Domingo, día del Señor de su amigo y hermano en Cristo, Reverendo Diácono Julio Reyes Guillén.

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