Homilía: Sábado de la Octava de Pascua

15 de abril del 2023

  • Primera Lectura. Hec 4, 13-21: “Por nuestra parte no podemos menos que contar lo que hemos visto y oído”.
  • Salmo Responsorial. 117, 1.14-15.16-18.19-21: “Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste”.
  • Evangelio. Mc 16, 9-15: “Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación”.

Color: BLANCO

No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído

En la primera lectura, vemos cómo ya los apóstoles tenían la confianza que da el Espíritu Santo en la vida de los creyentes: realizando milagros en el nombre de Jesús, milagros tan evidentes que nadie podía negarlos. El Espíritu Santo también está para nosotros hoy, Jesús lo prometió para darnos la fuerza que necesitamos para vivir nuestro llamado a la vida plena, a la vida abundante que solo encontramos en Jesús. Y para eso la misma primera lectura nos muestra cómo lograrlo, obedeciendo a Dios. “Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”; así nosotros debemos actuar, como Pedro y Juan, y proclamar la Buena Nueva de salvación que ya hemos conocido. Obedecer a Dios es asunto de cada día, de cada decisión que tenemos en nuestras vidas, por más insignificante que parezca. Él espera de nosotros que actuemos de acuerdo con nuestro llamado.

Por otro lado, en el evangelio se nos invita a creer, a creer en lo que Él nos ha mostrado. A veces, no nos creerán, a veces parece que vamos solos con nuestra esperanza, con nuestra fe, pero Jesús nos invita a no desmayar, a atesorar lo que nos ha revelado y a orar por los que todavía no le conocen, porque Él mismo se les revelará en otro momento. Así lo hace con los Once, los reprende y seguidamente los envía a ser ellos los que proclamen su evangelio a todas las criaturas. Es un llamado que tenemos todos los que hemos sido alcanzados por el amor de Dios. Mostrar a otros su amor, su perdón, para que ellos también puedan proclamarlo.

El canto en el Salmo nos habla de la misericordia del Señor, la que nos alcanza y se renueva cada mañana. Al igual que Jesús en el evangelio, que reprendió a los discípulos por no haber creído, el salmista es reprendido, y, según dice, ha sido severamente; sin embargo, no lo entregó a la muerte, sino que lo salvó, le dio vida y le mostró las proezas de su diestra.

Que nuestra vida pueda ser semejante a este cántico a partir de nuestra obediencia y de nuestro encuentro de amor con el Señor, renovado cada día en nuestra oración y en nuestras acciones diarias para con los demás. Así todos podamos decir con el salmista: “Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.

(Guía Litúrgica)

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