Homilía: II Semana después de Navidad. Jueves, 4 de enero del 2024

Color: BLANCO

  • Primera Lectura. I Jn 3, 7-10: “todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano”.
  • Salmo Responsorial: 97, 1.7-8. 9: «Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios”.
  • Evangelio. Jn 1, 35-42: “Éste es el Cordero de Dios”.

Hoy se nos hace referencia al “adversario”, al “enemigo”, al que induce al pecado… al diablo. El tentador siempre asecha para seducirnos y llevarnos al mal, a pecar. Existen tantos atractivos que nos conducen a lo injusto, y, por tanto, a obrar desde el engaño. El mundo y la superficialidad materialista de la vida tiende a encubrir sus intenciones disfrazándose de placeres. Iniciamos este 2024 motivados por nuestros Pastores a transformar la sociedad. Pero esto solamente será posible cuando vivamos plenamente convencidos (de) que debemos permanecer en la novedad de la buena noticia del Dios vivo y amoroso. Todo lo que obre en contra de la verdad del mensaje salvífico atenta contra la sana convivencia entre las personas.

Reconocer al que obra desde la justicia, misericordia y compasión guiado por el Espíritu de Jesús es el inicio de un proceso humano y maravilloso. Obrar en contra del hermano y de espaldas al amor es obrar desde iniciativas tendentes al egoísmo. Somos cristianos y, por tanto, llamados a luchar por la rectitud de la justicia. Para esto debemos, pues, fijar la mirada en Jesús, “el cordero de Dios”, que siempre pasa y se queda a nuestro lado. Pero fijarnos en Él es solamente el inicio. Luego de contemplar y mirarlo se nos invita a buscarlo para encontrarnos muy por dentro con este “Cordero” que da la vida por nosotros. Mirarlo y luego buscarlo puede ser motivado por diferentes causas: soledades, enfermedades, curiosidades, deseos de encontrarnos con algo nuevo… en fin, al buscar cada uno se va descubriendo.

La búsqueda nos conduce a un encuentro novedoso. Ir tras el maestro implica un “vengan y lo verán” ya que donde este profeta nos conduce de seguro lo encontraremos. Encontrarlo a Él, permitirnos ser seducidos y abrazados por su compasión y su amor sin duda nos llevará al seguimiento y, por tanto, al discipulado. Difícil resulta encontrarnos con la felicidad y no desear quedarnos con ella. El encuentro nos lleva a miradas aún más profundas sobre nosotros mismos y esto nos conduce a nuevos cambios. Esa es la transitoriedad de la vida: cambios tras cambios; una vida de constante conversión.

Atrévete a ahondar en el mensaje del caminante. De seguro que cuando vayas y te encuentres con Él donde vive, lo verás, lo experimentarás, contemplarás, mirarás y seguirás. Él se dejará ver como el “cordero manso y humilde de corazón”, te llamará por tu nombre, y, de seguro, impactará positiva y profundamente tu vida y la de los tuyos. ¡Bienvenido a un nuevo y rejuvenecedor seguimiento del Hijo de Dios que siempre nos sorprende!

(Guía Litúrgica)

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por P. Domingo Vasquez Morales

Los Mameyes, Santo Domingo Este, Dominican Republic Nacido en Pedro García, la tierra que mana leche y el miel. Hijo de doña Eduarda Morales y Juan Isidro Vásquez. Mi madre dice que nací el día 6 de octubre, pero el papel dice que fue el 2 de noviembre, yo le creo a ella. El año no lo escribo, porque no estoy seguro. Ordenado presbítero el día 26 de enero del año 1996 (Misionero Redentorista). Estoy ejerciendo el ministerio sacerdotal en la Parroquia San Ramón Nonato, en Los Mameyes, Santo Domingo Este.