DEL CÍRCULO VICIOSO AL CÍRCULO VIRTUOSO

P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

Vicios y virtudes, estos han sido los dos caminos del ser humano a lo largo de la historia, unos optaron por asumir los vicios como estilo de vida, mientras que otros por la experiencia vivida o por sapiencia divina decidieron mejor tomar las virtudes como norte a seguir en su diario caminar, pues, consideraron que en ellas encontrarían una forma prudente para llegar a la felicidad plena.

Ahora bien, es justo preguntarnos: ¿cuáles son las razones o las tendencias que influyen en algunas personas para que se inclinen por los vicios o por las virtudes? ¿Será acaso que desde el mismo nacimiento las personas están destinadas a elegir los vicios o las virtudes como parte de su naturaleza humana? Ante todo, hay que decir, que el ser humano es un misterio, un sujeto cambiante y sobre todo una realidad en busca de sentido en todo su quehacer humano, que nunca se detiene, que siempre se descubren cosas nuevas de su conducta, según van pasando las generaciones y avanzan las ciencias humanas, por lo que se puede afirmar que sus elecciones es fruto de una decisión personal.

La libertad es lo que mueve a las personas a elegir la dirección de sus vidas, por consiguiente, los vicios y las virtudes son realidades humanas asumidas desde la propia libertad interior de cada ser humano. Sin embargo, la diferencia está, en que los vicios llevan a un desequilibrio emocional en el comportamiento de las personas, y las virtudes son los hábitos que pretenden crear equilibrio en el proceder humano, convirtiéndolo en un ser lleno de valores y de cualidades humanas digna de admiración y de respeto ante los demás.

Los vicios a pesar de ser dañinos, se han vuelto costumbre en nuestra sociedad, pues, ya lo dijo Confucio, filósofo chino: “Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos”. Por eso, abundan de forma natural en nuestro mundo, y quizás Miguel de Cervantes, escritor español, tuvo razón al decir: “La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso”, porque es más fácil entregarse a los vicios que a las vivencias de las virtudes.

Un círculo vicioso nos rodea; nos invade constantemente, con sus propagandas consumistas, con su ley del “todo está permitido”, y con la violación de los derechos humanos a través del abuso de poder, por lo que hoy más que nunca se hace urgente ir formando un círculo virtuoso para contrarrestar el malestar de los vicios mezquinos que envenenan y matan la conciencia bondadosa del ser humano, dejándolo sin ilusión y sin motivo suficiente para ir en camino de su bienestar. Un círculo, construido en una base sólida del amor, fuerte en la esperanza y firme en la voluntad humana, y lentamente los vicios serán sustituidos por las virtudes humanas, creando de este modo, un mundo y una sociedad distinta y digna para vivir en ella.

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