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Homilías

Homilía: XX Semana.  Tiempo Ordinario.  17 de agosto del 2026

Domingo Vasquez Morales

Color: ROJO

  • Primera Lectura. Ez 24,15-24: “Ezequiel les servirá de señal: harán lo mismo que él ha hecho”.
  • Salmo responsorial: Dt 32,18-19.20.21: “¡Despreciaste a la Roca que te engendró!”.
  • Evangelio. Mt 19,16-22: “Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.

Las promesas del Señor son eternas; las nuestras, transitorias. Entre unas y otras se extiende un abismo insondable. Por eso, confiamos en el Señor y sabemos que no nos defraudará, aunque fallemos y caigamos una y otra vez. El profeta Ezequiel es señal para la conversión de su pueblo.

Tras la muerte de sus padres, cuando Antonio tenía entre dieciocho y veinte años, entró un día en la iglesia justo en el momento en que se leía el Evangelio. Escuchó entonces lo que el Señor le dijo a un joven rico: «Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres; luego ven, sígueme y tendrás un tesoro en el cielo». Antonio sintió que esa lectura estaba dirigida personalmente a él. Salió inmediatamente y entregó a los habitantes del pueblo sus propiedades familiares. Después de haber vendido todos sus bienes muebles, repartió entre los pobres el dinero obtenido, reservando solo una pequeña parte para el sustento de su hermana. Con esa radicalidad acogió San Antonio el mensaje.

Este es el relato del joven rico. Aunque cree que no le falta virtud, sabe que todavía le falta la vida. Por eso acude a pedírsela a Aquel que puede concedérsela. Está convencido de cumplir la Ley; sin embargo, implora al Hijo de Dios. Pasa de una fe a otra. Las amarras de la Ley no lo protegían bien de los vaivenes; inquieto, abandona ese amarre inestable y viene a echar el ancla en el puerto del Salvador. Jesús no le reprocha haber faltado a algún precepto, sino que lo mira con cariño (Mc 10, 21), conmovido por la entrega de un buen alumno. No obstante, lo declara todavía imperfecto: es un buen cumplidor de la Ley, pero perezoso para la vida eterna.

El Papa Francisco decía: «El pasaje evangélico de hoy podría llevar por título: «El itinerario desde la alegría y la esperanza hasta la tristeza y el encierro en sí mismo». Ese joven, en efecto, quería seguir a Jesús y, al verlo, fue a su encuentro entusiasmado para preguntarle: «¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». El Señor, tras invitarlo a cumplir los mandamientos, lo exhorta: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo». Pero el joven frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico… Del entusiasmo a la tristeza: quería seguir a Jesús, pero se fue por otro camino. ¿El motivo? Estaba apegado a sus posesiones. Tenía muchos bienes y, en la balanza, vencieron sus riquezas».

También nosotros, apegados a cosas pequeñas, nos perdemos la grandeza del Señor. Nuestras ataduras a lo material nos impiden elevarnos hacia Dios, quien nos lo da todo.

(Guía Litúrgica)

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