Homilía: XIX Semana. Tiempo Ordinario. 14 de agosto del 2026
San Maximiliano María Kolbe, Presbítero y Mártir
Viernes, 14 de agosto del 2026
Color: ROJO
XX Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A. 16 de agosto del 2026
- Primera Lectura. Ez 16,1-15.60.63: “Sigue viviendo y crece como brote campestre”.
- Salmo responsorial: Is 12,2-3.4bcd.5-6: “Ha cesado tu ira y me has consolado”.
- Evangelio. Mt 19,3-12: “Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”.
“Misericordia en la prueba, Santo en el amor: Un mensaje de fe para nuestro tiempo”
Celebramos con fe la memoria de San Maximiliano Kolbe, franciscano polaco. Dedicado al periodismo católico, fue arrestado por la Gestapo en 1941. En el campo de Auschwitz, se ofreció voluntariamente a morir en lugar de un compatriota polaco, casado y padre de familia, que había sido condenado al «búnker del hambre». Cuando un oficial nazi le preguntó por qué lo hacía, Kolbe respondió: «Porque soy un sacerdote católico».
Kolbe no murió de inanición tras dos semanas de deshidratación y hambre; de su grupo, solo él y otros tres compañeros sobrevivieron a esa agonía. Por ello, el 14 de agosto de 1941, los nazis les administraron una inyección letal en su celda —convertida hoy en lugar de peregrinación—, y su ejemplar sacrificio se divulgó por todo el mundo.
Más tarde, su cuerpo fue incinerado. Fue beatificado por Pablo VI en 1971 y canonizado por Juan Pablo II en 1982, quien se refirió a él como «un santo de nuestro difícil siglo».
En la primera lectura, Dios renueva su alianza con su pueblo por medio del profeta, anunciando que nos perdona y se compadece de nosotros. El salmista, por su parte, habla del consuelo que recibimos del Señor, el cual es grande y nos invita a confiar en su infinita misericordia.
El Evangelio aborda la unión del hombre y la mujer. Estas palabras evocan el misterio más grande de la humanidad: el hombre y la mujer han puesto fin a la condena del mundo, una condena que duró por siglos. Adán, el primer hombre, y Eva, la primera mujer, son conducidos desde el árbol del conocimiento del bien y del mal hacia el fuego del fermento evangélico.
Las palabras de Cristo dirigidas a los fariseos (cf. Mt 19) se refieren al matrimonio como sacramento, es decir, a la revelación primordial del querer y actuar salvífico de Dios «al principio», en el misterio mismo de la creación. En virtud de este querer y actuar salvífico, el hombre y la mujer, al unirse hasta hacerse «una sola carne» (Gén 2, 24), estaban destinados a estar unidos «en la verdad y en la caridad» como hijos de Dios (cf. Gaudium et Spes 24), amados desde la eternidad. A esta unidad y comunión de personas, a semejanza de las Personas divinas (cf. Gaudium et Spes 24), se dirigen las palabras de Cristo, las cuales confirman el matrimonio como sacramento primordial sobre la base del misterio de la redención.
Efectivamente, la originaria «unidad en el cuerpo» del hombre y de la mujer no cesa de forjar la historia humana en la tierra, aunque haya perdido la limpidez del sacramento y del signo de la salvación que poseía «al principio».
Los ojos que el árbol de la tentación había cerrado a la verdad —abriéndolos a la ilusión del mal— son abiertos por la luz del Evangelio y cerrados al mal. Las bocas enfermas por el fruto del árbol envenenado son curadas por el sabor delicioso de la salvación, proveniente de aquel árbol cuyo fuego abrasa los corazones.
Pidamos por los matrimonios, para que se mantengan unidos y fieles; para que, apoyados en Cristo, sean felices y testimonien el amor de Dios en la sociedad actual.
(Guía Litúrgica)
Si deseas recibir en tu móvil por WhatsApp, únete a este grupo: https://chat.whatsapp.com/KUofplJqn9v4YmiOuRpJF0.
También por Telegram: https://t.me/+lT2PwtlK1I04ZDgx
Noticias/Oración de la noche/Parroquia San Ramón Nonato/Diócesis Stella Maris
Escúchanos desde Aire96FM
No estamos solos: la fe y la confianza en Dios en medio de las tribulaciones
El Papa envía ayuda económica a zonas afectadas por el terremoto en Colombia
La Iglesia expresa su solidaridad y oración con el pueblo colombiano luego del terremoto
«No solo de pan vive el hombre» (Lc 4,4