Homilía: XX Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A. 16 de agosto del 2026
Domingo, 16 de agosto del 2026. IV Semana
Color: VERDE
- Primera lectura: Is 56, 1.6-7: “Porque mi casa es casa de oración para todos los pueblos”.
- Salmo Responsorial: 66, 2-3.5-6.8: “Que canten de alegría las naciones”.
- Segunda lectura: Rm 11,13-15.29-32: “Mientras sea su apóstol, haré honor al ministerio”.
- Evangelio: Mt 15,21-28: Mujer qué grande es tu fe…”.
«Restaurar la Patria desde la Fe: El Ejemplo de la Cananea»
¡Felicidades en este Día de la Restauración! Aunque celebramos el Mes de la Patria entre enero y febrero, hoy también es un día grandioso para nuestro pueblo. La palabra «restauración» nos invita a renovar nuestros valores patrios de la mano de María, nuestra Madre.
Escuchemos lo que nos dice el profeta Isaías:
«Guarden el derecho, practiquen la justicia, que mi salvación está por llegar y se va a revelar mi victoria…»
Cristo nos ha salvado y nos ha revelado la victoria del Señor.
En el Evangelio, impresiona de manera particular el episodio de la mujer cananea que no cesaba de pedir la ayuda de Jesús para su hija, «atormentada cruelmente por un demonio». Cuando se postró delante de él para implorar su auxilio, Jesús le respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Esta era una referencia a la división étnica entre israelitas y cananeos que Jesús, como Hijo de David, abordó con una intención pedagógica: provocar y poner a prueba su fe.
Fue entonces cuando la mujer realizó un acto insólito de fe y humildad al responder: «Cierto, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos». Ante una respuesta tan humilde, elegante y confiada, Jesús replicó: «¡Mujer, qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas» (cf. Mt 15, 21-28).
Al respecto, Benedicto XVI nos recordó:
«También nosotros estamos llamados a crecer en la fe, a abrirnos y acoger con libertad el don de Dios, a tener confianza y clamar a Jesús: “¡Danos la fe, ayúdanos a encontrar el camino!”. Es el camino que Jesús pidió recorrer a sus discípulos, a la cananea y a las personas de todos los tiempos y pueblos; a cada uno de nosotros.
La fe nos abre a conocer y acoger la identidad real de Jesús, su novedad y unicidad, así como su Palabra como fuente de vida para cultivar una relación personal con él. El conocimiento de la fe crece con el deseo de encontrar el camino y es, en definitiva, un don de Dios que no se nos revela como algo abstracto, sin rostro y sin nombre. La fe responde, más bien, a una Persona que quiere entrar en una relación de amor profundo con nosotros y comprometer toda nuestra vida.
Por eso, cada día nuestro corazón debe experimentar la conversión; cada día debe vernos pasar del ser humano encerrado en sí mismo al ser humano abierto a la acción de Dios: un ser espiritual (cf. 1 Co 2, 13-14) que se deja interpelar por la Palabra del Señor y abre su vida a su amor».
Nosotros, conscientes de nuestra necesidad de Dios y de sanación física o espiritual, clamemos a Jesús con fe. Él nos guiará siempre con la paciencia de su amor.
(Guía Mensual)¡Felicidades en este Día de la Restauración! Aunque celebramos el Mes de la Patria entre enero y febrero, hoy también es un día grandioso para nuestro pueblo. La palabra «restauración» nos invita a renovar nuestros valores patrios de la mano de María, nuestra Madre.
Escuchemos lo que nos dice el profeta Isaías:
«Guarden el derecho, practiquen la justicia, que mi salvación está por llegar y se va a revelar mi victoria…»
Cristo nos ha salvado y nos ha revelado la victoria del Señor.
En el Evangelio, impresiona de manera particular el episodio de la mujer cananea que no cesaba de pedir la ayuda de Jesús para su hija, «atormentada cruelmente por un demonio». Cuando se postró delante de él para implorar su auxilio, Jesús le respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Esta era una referencia a la división étnica entre israelitas y cananeos que Jesús, como Hijo de David, abordó con una intención pedagógica: provocar y poner a prueba su fe.
Fue entonces cuando la mujer realizó un acto insólito de fe y humildad al responder: «Cierto, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos». Ante una respuesta tan humilde, elegante y confiada, Jesús replicó: «¡Mujer, qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas» (cf. Mt 15, 21-28).
Al respecto, Benedicto XVI nos recordó:
«También nosotros estamos llamados a crecer en la fe, a abrirnos y acoger con libertad el don de Dios, a tener confianza y clamar a Jesús: “¡Danos la fe, ayúdanos a encontrar el camino!”. Es el camino que Jesús pidió recorrer a sus discípulos, a la cananea y a las personas de todos los tiempos y pueblos; a cada uno de nosotros.
La fe nos abre a conocer y acoger la identidad real de Jesús, su novedad y unicidad, así como su Palabra como fuente de vida para cultivar una relación personal con él. El conocimiento de la fe crece con el deseo de encontrar el camino y es, en definitiva, un don de Dios que no se nos revela como algo abstracto, sin rostro y sin nombre. La fe responde, más bien, a una Persona que quiere entrar en una relación de amor profundo con nosotros y comprometer toda nuestra vida.
Por eso, cada día nuestro corazón debe experimentar la conversión; cada día debe vernos pasar del ser humano encerrado en sí mismo al ser humano abierto a la acción de Dios: un ser espiritual (cf. 1 Co 2, 13-14) que se deja interpelar por la Palabra del Señor y abre su vida a su amor».
Nosotros, conscientes de nuestra necesidad de Dios y de sanación física o espiritual, clamemos a Jesús con fe. Él nos guiará siempre con la paciencia de su amor.
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