Homilía: XVIII Semana. Tiempo Ordinario. 8 de agosto del 2026
Memoria Obligatoria: San Juan María Vianney (Cura de Ars), Presbítero
Sábado, 8 de agosto del 2026
Color: BLANCO
XIX Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A
- Primera Lectura. Hab 1,12-2,4: “El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe”.
- Salmo responsorial: 9,8-9.10-11.12-13: “No abandonas, Señor, a los que te buscan”.
- Evangelio. Mt 17,14-19: “Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño”.
“El Santo Cura de Ars: La revolución de la humildad y la fe”
La memoria del Santo Cura de Ars se traslada a este día en nuestra Iglesia dominicana. Aunque debía celebrarse el 4 de este mes, la solemnidad de Santo Domingo de Guzmán hizo que la memoria de San Juan María Vianney se transfiriera a la fecha de hoy. Más allá de este detalle litúrgico, aprovechamos la ocasión para reflexionar sobre su vida y testimonio.
San Juan María Vianney nació en Dardilly, Francia, el 8 de mayo de 1786. Fue el tercero de seis hermanos en el seno de una familia campesina. Estudió por un breve periodo en la escuela comunal de su pueblo y, más tarde, en 1806, ingresó a la recién creada escuela para aspirantes al sacerdocio. Allí, lamentablemente, enfrentó sus primeros sinsabores académicos: Juan María parecía bastante limitado para el estudio, por lo que no todos lo veían con buenos ojos.
Con gran esfuerzo, logró adquirir los conocimientos básicos de aritmética, historia y geografía para permanecer en el seminario. Sin embargo, con el latín todo se le puso cuesta arriba. Al ser la lengua eclesiástica por excelencia, sus maestros dudaban de su aptitud para la vida sacerdotal. No obstante, Dios quiso que recorriera ese camino y no otro.
Juan María fue ordenado sacerdote el 13 de agosto de 1815 y enviado a Écully como vicario de Monseñor Balley, su viejo amigo y el primero en animarlo a mantenerse firme en su vocación. Tiempo atrás, Balley había hecho hasta lo imposible por él, defendiéndolo tras haber sido expulsado del Seminario Mayor por «falta de idoneidad académica». Ahora, el recién ordenado Padre Juan María estaba al lado de su preceptor y protector, listo para colaborar en la misión pastoral.
Años después, tras la muerte de Monseñor Balley, el P. Juan María Vianney fue destinado como párroco a Ars, un pequeño pueblo de apenas 250 habitantes, la mayoría muy humildes. Desde aquel lugar —al que solía referirse como el «último de la diócesis y quizás de toda Francia»—, el Santo Cura iniciaría una revolución espiritual que marcaría a toda la nación.
El Santo Cura de Ars es un testimonio vivo de abandono total en los brazos de Dios. A pesar de tener poco que ofrecer según los criterios humanos, su entrega sincera permitió que la gracia divina multiplicara sus dones a través de la fe y el servicio. Siguiendo el ejemplo de San Juan María Vianney, confiemos en las palabras de Jesús:
«Les aseguro que si su fe fuera tan pequeña como un grano de mostaza, le dirían a este monte: “Trasládate de aquí allá”, y se trasladaría. Nada les sería imposible».
(Guía Litúrgica)
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