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Homilías

Homilía: XVIII Semana.  Tiempo Ordinario.  7 de agosto del 2026

Domingo Vasquez Morales

Color: VERDE/ROJO/BLANCO

XIX Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A

Lecturas    Moniciones    Homilía

  • Primera Lectura. Nah 1,15;2,2;3,1-3.6-7: “Miren sobre los montes los pies del heraldo que pregona la paz”.
  • Salmo responsorial: Dt 32,35cd-36ab39abcd.41: “Yo doy la muerte y la vida”.
  • Evangelio. Mt 16,24-28: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

La primera lectura, tomada de la profecía de Nahúm, nos recuerda «los pies del heraldo que pregona la paz»: se trata del misionero que anuncia a Cristo y el Evangelio. La misión de la Iglesia no se detiene; al contrario, se propaga cuando nosotros también nos convertimos en misioneros para testimoniar la salvación y proclamar con valentía: «No hay Dios fuera de Ti…».

Los cinco versículos del Evangelio de hoy son un llamado a seguir decididamente a Cristo, tomando nuestra cruz de cada día. Ante el cuestionamiento del Señor: «¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla?», la respuesta puede ser difícil, pero Jesús nos invita a seguirle sin mirar atrás, sin temor y confiando plenamente en Él.

Renunciar significa decir «no» a todo aquello que nos impide vivir y cumplir la Palabra de Dios: la indecisión, la pereza, el conformismo, la vergüenza, la indiferencia y tantas otras actitudes que nos alejan de Él. Aún con nuestras limitaciones, problemas y pecados, estamos llamados a seguir a Cristo con obras y actitudes que reflejen el Evangelio. No se trata solo de asistir a Misa o rezar el Santo Rosario, sino de entregar la vida por Jesús diariamente.

Como nos enseñó el Papa Francisco:

«No se trata de una cruz ornamental, o de una cruz ideológica, sino que es la cruz del propio deber, la cruz del sacrificarse por los demás con amor —por los padres, los hijos, la familia, los amigos, también por los enemigos—, la cruz de la disponibilidad para ser solidarios con los pobres, para comprometerse por la justicia y la paz. Asumiendo esta actitud, estas cruces, siempre se pierde algo. No debemos olvidar jamás que “quien pierda su vida [por Cristo], la salvará”. Es un perder para ganar.» (Homilía de S. S. Francisco, 19 de junio de 2016).

Ese «perder para ganar» es lo que nos asusta, porque la lógica de este mundo nos enseña lo contrario. Por eso, escuchar a Jesús implica transformar por completo nuestros objetivos y metas: es entregarle a Él el verdadero control de nuestra vida.

Una breve historia ilustra esta realidad: un sacerdote realizó un viaje a Estados Unidos y en el avión coincidió con un empresario muy importante. Tras un rato de conversación, el magnate le hizo esta confidencia: «Daría con gusto gran parte de mi dinero con tal de volver a experimentar a Dios como lo hice hace muchos años».

La amistad con Cristo no se compra con dinero; es un regalo absolutamente gratuito. Por eso resulta tan difícil comprenderla a veces: no se vende en ninguna tienda, no se puede pedir por internet ni buscar en un centro comercial. No es una mercancía, pero sí es el bien más valioso del mundo y, por desgracia, también el más desconocido.

Cristo nos invita siempre a seguirle sin miedo y con infinita confianza. Seamos valientes para decirle: ¡Sí!

(Guía Litúrgica)

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