Lecturas: XVIII Semana. Tiempo Ordinario. 6 de agosto del 2026
La Transfiguración del Señor
Jueves, 6 de agosto del 2026
Color: BLANCO
XIX Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A
- Primera Lectura. Dn 7,9-10.13-14: “Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido”.
- Salmo responsorial: 96,1-2.5-6.9: “El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra”.
- Segunda lectura: 2Pe: 1,16-19: “Este es mi Hijo amado, en quien Yo me complazco”.
- Evangelio. Mt 17,1-9: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escúchenlo”.
“Cielo y tierra se encuentran: Claves para entender la Transfiguración”
Primera lectura: Dn 7,9-10.13-14
Lectura del Libro de Daniel
Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: vi que colocaban unos tronos y un anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve y sus cabellos, blancos como lana; su trono, llamas de fuego, con ruedas encendidas; un río de fuego brotaba delante de él. Miles de miles le servían, millones y millones estaban a sus órdenes. Comenzó el juicio y se abrieron los libros.
Yo seguí contemplando en mi visión nocturna y vi a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano de muchos siglos y fue introducido a su presencia. Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo servían. Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 96,1-2.5-6.9
R/. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra
Reina el Señor, alégrese la tierra; cante de regocijo el mundo entero. Tinieblas y nubes rodean el trono del Señor que se asienta en la justicia y el derecho. R/.
Los montes se derriten como cera ante el Señor de toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los pueblos. R/.
Tú Señor altísimo, estás muy por encima de la tierra y mucho más en alto que los dioses. R/.
Segunda lectura: 2Pe: 1,16-19
Lectura de la Segunda Carta de San Pedro
Hermanos: Cuando les anunciamos la venida gloriosa y llena de poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos fundados en fábulas hechas con astucia, sino por haberlo visto con nuestros propios ojos en toda su grandeza. En efecto, Dios lo llenó de gloria y honor, cuando la sublime voz del Padre resonó sobre él, diciendo: «Este es mi Hijo amado, en quien Yo me complazco». Y nosotros escuchamos esta voz, venida del cielo, mientras estábamos con el Señor en la montaña santa. Tenemos también la firmísima palabra de los profetas, a la que con toda razón ustedes consideran como una lámpara que ilumina en la oscuridad, hasta que despunte el día y el lucero de la mañana amanezca en los corazones de ustedes.
Palabra de Dios
Evangelio: Mt 17,1-9
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escúchenlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no teman». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
Palabra del Señor
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