Color: BLANCO

  • Primera lectura: Ecclo 3,2-6.12-14: Honrar a padre y madre.
  • Salmo Responsorial: 127,1-5: Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.
  • Segunda lectura: Col 3,12-21: Revístanse de sentimientos de compasión, de benevolencia…
  • Evangelio: Mt 2,13-15.1923: El protector de la familia.

Neptalí Díaz Villán

De la familia de Nazareth se dicen muchas palabras piadosas, con muy buenas intenciones, pero más como producto de la especulación. Muchas veces presentan a sus miembros como héroes demasiado angelicales para ser reales y, por lo tanto, para vivir como ellos. Podemos decir, con certeza, que nos entregaron a Jesús, que en su seno se gestó, vivió y creció nuestro Salvador. Junto a ellos creció en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres. Esta es, además, una bonita oportunidad para analizar hoy la situación de nuestras familias iluminados por la Palabra.

Las lecturas de hoy nos presentan varias sugerencias para la vida familiar. El Eclesiástico hace la invitación a los hijos, a honrar al padre y a reconocer la autoridad de la madre. Recordemos también que los padres deben ser autoridad, pues no se puede reconocer autoridad donde no la hay. Honrar al padre no es sólo no tratarlo mal; es hablar bien de él con la vida, pues las personas manifestamos con nuestros actos de dónde venimos. Una persona recta, justa y honesta habla bien de su familia y la honra con su manera de proceder.

Si bien es cierto que Dios hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace caer la lluvia sobre justos e injustos; en la medida en que tratemos bien a los demás, sobre todo cuando se trata de nuestros padres, hacemos de nosotros mejores personas y nos preparamos para recibir sus bendiciones.

Hace unos años las agencias internacionales comentaban con estupor que durante el verano en Francia, murieron muchos ancianos por las oleadas de calor, mientras sus hijos pasaban vacaciones. ¿Con quiénes dejaron a sus ancianos padres, tal vez llenos de aparatos, comida y tratamientos médicos, pero vacíos de afecto? Y lo peor fue el manejo que le dieron estos insensibles hijos a la muerte de sus padres. Unos contrataron funerarias para que los enterraran, y otros pidieron mantenerlos congelados mientras terminaban las vacaciones, pero de ninguna manera interrumpirlas.

También en nuestro medio viven muchos ancianos olvidados, maltratados o despreciados. Porque molestan mucho, porque le reclaman a los hijos la forma como educan a sus nietos, porque no son productivos económicamente, porque les hacen estorbo… porque son chochos, cansones, se orinan en los pantalones… en fin. Sabemos que los seres humanos, con el tiempo, vamos perdiendo las facultades. Al anciano se le olvidan las cosas, algunas veces no controlan los esfínteres, repiten una y otra vez las mismas frases, los mismos chistes, los mismos reclamos…, pero como dice la Palabra, “aunque pierda su lucidez, sé comprensivo con él, no le faltes el respeto mientras viva”. ¿Cuál es nuestra actitud para con los ancianos, padres o abuelos? Todos vamos para allá y ojalá que lleguemos a esa etapa de la vida con la alegría y la satisfacción de haber cumplido la misión que Dios y la humanidad nos encomendó. Ojala que lleguemos allá y seamos viejitos chéveres, alegres y con un gran sentido de la vida hasta el final.

Carta a los Colosenses: Revisemos si en nuestras familias existen estos valores que sugiere la Carta a los Colosenses: compasión, benevolencia, humildad, mansedumbre y paciencia. ¿Somos tolerantes? “Sopórtense unos a otros”, dice Pablo. ¡Unos a otros! Pablo no invita a que todos soporten estoicamente a una persona (papá, mamá o un hijo) que maltrata y humilla. Pedagógicamente necesitamos tener paciencia, tolerancia mutua para crecer como seres humanos. Pero actitudes injustas que dañan nuestra dignidad y, sobre todo, si la otra o las otras personas no reconocen sus errores ni mueven un dedo para cambiar, entonces eso no lo podemos soportar y se deben buscar otras alternativas… Soportarse unos a otros es, en otras palabras, dialogar, llegar a acuerdos, tener paciencia para que Dios actúe y la otra persona crezca y sea mejor.

El autor de la carta hace un énfasis especial en el amor. Muchas veces se empiezan proyecto familiares movidos no precisamente por el amor sino por miedos, por intereses, por conveniencias personales, que no tienen buen fin. Necesitamos familias revestidas del amor de Dios y unidas con el vínculo indisoluble de su gracia. Familias veraces, libres, justas y abiertas a la acción del Espíritu Santo. Familias que siguen el camino del Maestro de Nazaret y son reflejo del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

En la educación de nuestros hijos es importante darles mucho cariño, pero también una buena disciplina. Se ven desastres cuando hay falta de amor o simple complacencia desmedida. Cuando hay maltrato o cuando hay laxitud. Pablo invita a los hijos a obedecer en todo, y a los padres los invita a tener cuidado con una disciplina muy severa pues ésta los vuelve apocados. Acomplejados diríamos hoy.

En la carta de Pablo hay muchos elementos que nos impulsan a formar verdaderas familias. Pero también es importante analizar si toda la carta tiene validez. Recordemos que Pablo como creyente y como hombre de su tiempo perteneció a un mundo antiguo, a una cultura patriarcal. Honestamente, ¿hoy podríamos decirles a las mujeres que sean dóciles a sus maridos, así, sin más? Hoy buscamos la equidad de género y tenemos que ponernos de acuerdo para respetarnos y para construir la familia que Dios quiere y que todos necesitamos para ser plenamente felices.

Vale el esfuerzo que estemos atentos ante las amenazas contra nuestra estabilidad familiar, éstas pueden venir desde fuera o desde dentro. Es necesario mantenernos en vela, alertas, despiertos. No con miedo ni paranoicos, pensando que todo el mundo nos va a hacer daño y viendo fantasmas en todo lado, pero sí prudentes y con los sentidos bien atentos, para ver los peligros y actuar frente a ellos. El relato elaborado por Mateo dice que el ángel del Señor se le apareció en sueños a José, y le reveló el inminente riesgo que corría el niño porque el rey Herodes lo buscaba para matarlo. Así que debía huir a Egipto hasta cuando fuera necesario. No esperemos que un ángel del Señor nos revele las cosas en sueños, tal como lo cuenta Mateo. Estos son relatos simbólicos que revelan la profunda experiencia de fe y muestran cómo la historia de salvación se va desarrollando, de manera que hoy nosotros vivamos nuestra propia experiencia de salvación.

Sin caer en peligrosos fundamentalismos y fanatismos, la persona con una fe madura sabe descubrir los signos de Dios y obrar de acuerdo a ellos, siempre para proteger y dignificar la vida. Se requiere estar en comunión con él, tal como lo estuvo José; lo que dice el texto, en otras palabras, es que José descubrió esos signos de Dios y se puso en camino para proteger la vida de su familia.

Hoy necesitamos estar en sintonía y en comunión con Dios y con nuestra familia, con nuestra pareja y nuestros hijos, si los tenemos. Muchas experiencias dolorosas de drogadicción, alcoholismo, prostitución, abuso sexual, etc., se habrían evitado si los padres hubieran estado en sintonía y comunión entre sí, con Dios y con sus hijos. “Cómo no me pude dar cuenta… cómo pude confiar en esa persona… increíble que haya sucedido eso en mi propia casa… mientras tomaba trago con mis amigos mi hijo se perdía con los suyos, mientras compartía con mi nuevo compañero en el cuarto abusaban de mi hija en la sala…” Son frases duras que se suelen escuchar. ¿Por qué una buena chica cambia de un momento a otro? ¿Por qué el joven iba bien y ahora va perdiendo el año? ¿Por qué la rebeldía más allá de lo normal en la adolescencia o juventud?

Hay también muchas amenazas a la estabilidad de la pareja. ¿Hasta qué punto los compromisos laborales, los proyectos académicos, los hobbies personales, algún grupo eclesial, la dedicación a los hijos y demás aspectos de la vida pueden distanciarnos como pareja? ¿En qué momento nos acostumbramos a estar juntos y lo que antes nos ilusionaba tanto se convierte en algo simplemente cotidiano, rutinario y hasta aburridor? ¿Hasta qué punto corremos el riesgo de perder el encanto por la otra persona, de perder nuestra capacidad de asombro? ¿En qué momento una relación de trabajo, de compañerismo, de ayuda, de amistad puede pasar los límites y convertirse en una relación afectiva alterna, que desestabiliza la persona y pone en riesgo la felicidad de los dos…? Vale la pena identificar todas las amenazas para tomar las decisiones pertinentes.

Vemos en el Evangelio que ante la amenaza de muerte por parte del Rey Herodes, José y María huyeron a Egipto con su hijo. Se incomodaron, dejaron su tierra, sus costumbres y el resto de su familia. Caminaron, huyeron y buscaron refugio, porque comprendieron la supremacía de la vida. Ojalá nosotros comprendamos la supremacía de la familia, por encima de títulos, viajes, ascensos, poder o reconocimiento. El puesto más alto en la empresa, el mejor sueldo y los honores no son más valiosos que la pareja y los niños que crecen. Ojalá no malogremos lo realmente valioso, ojalá no le robemos tiempo a nuestra pareja y a nuestra necesidad de estar juntos y de compartir momentos que nos hacen realmente felices. Ojalá no le robemos tiempo a nuestros hijos, no nos abstengamos de verlos crecer y de enseñarles a descubrir la riqueza de la vida.

En la renuncia, en la lucha, en la entrega y en los momentos difíciles es cuando se fortalece la unión, se manifiesta más el compromiso mutuo, crece el amor y se hace cada vez más indisoluble. A ejemplo de la familia de Nazaret, con la luz del Verbo hecho carne para salvarnos, analicemos hoy nuestra vivencia familiar, revisemos lo que debemos cambiar y tomemos la fuerte decisión de defenderla por encima de intereses personales. Dios nos dará la fuerza, porque cuando Él nos encarga algo siempre nos da la fuerza para cumplirlo.

Oh Dios, que eres Padre y Madre de todo cuanto existe, Familia primera y origen última de la vida. Hoy nos refugiamos serenos y seguros en tu regazo paternal y maternal. Nos alimentamos de tu Palabra y nos dejamos impregnar de tu Espíritu; nos llenamos de tu Luz admirable que nos da calor e ilumina nuestro camino hacia la plenitud. Por eso desde lo profundo de nuestro ser surge un cántico explosivo de bendición y agradecimiento…

Gracias por la familia que nos diste… sabemos que hoy no hay un solo modelo de familia y tal vez algunos no hayan tenido la bendición de crecer un una familia tradicional (papá-mamá-hijos), pero contaron con la bendición de otras personas que les brindaron amor, que canalizaron hacia ellos todo el torrencial de vida que tenían para dar y colmaron su necesidad de afecto. Gracias porque de distintas formas y por medio de muchas personas nos llenas de tu amor.

Tú conoces las negaciones, los vacíos afectivos, formativos, intelectivos que todos de alguna manera tenemos y que a veces nos hacen vivir llenos de miedos, de complejos, de inseguridades… sana todas nuestras heridas, colma con tu amor todos nuestros vacíos, ayúdanos a reconocer nuestras debilidades y limitaciones humanas y a darnos el auténtico valor. Danos la capacidad de identificar las amenazas para saber enfrentarlas y salvaguardar nuestra armonía personal, familiar y comunitaria. Danos la sabiduría para identificar y aprovechar todas las oportunidades que nos brindas para realizarnos como seres humanos y hacer crecer nuestras familias.

Hoy te consagramos especialmente nuestras familias. Tú conoces la realidad, cualquiera que sea el modelo de familia que estemos construyendo, sabiendo que tú te vales de distintas sendas para comunicaros tu amor y hacer crecer la vida. Tú conoces a cada uno de los miembros de nuestras familias, sus limitaciones, sus problemas, sus cualidades, sus facultades… te bendecimos por todas las cosas bellas que hemos recibido de ellos y te pedimos que nos ayudes a vivir la experiencia del perdón para vernos liberados de todas las cadenas que impiden vivir en armonía. Nos consagramos a ti, junto a la Sagrada Familia de Nazareth. Danos la capacidad de vivir, como ellos, unidos por los lazos del amor, el respeto, la comprensión y la ayuda mutua. Que también nosotros nos pongamos en camino y construyamos la justicia del Reino en la caridad, la libertad y la creatividad. Amén.

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