Homilía: XVIII Semana. Tiempo Ordinario. 4 de agosto del 2026
Santo Domingo de Guzmán, Presbítero y Doctor de la Iglesia. Patrono de la Isla de Santo Domingo
(En República Dominicana se celebra el día 4 por disposición de la Conferencia Episcopal)
Martes, 4 de agosto del 2026
Color: BLANCO
- Primera Lectura. Jr 30,1-2.12-15.18-22: “Ustedes serán mi pueblo, y yo seré su Dios”.
- Salmo responsorial: 101,16-18.19-21.29 y 22-23: “El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria”.
- Evangelio. Mt 14,22-36: “Señor, sálvame”.
“De la mano de Santo Domingo: Reconocer a Jesús en el mar de la vida”
Celebramos con fe la memoria de Santo Domingo de Guzmán, a quien debe su nombre nuestra ciudad capital y por quien la Iglesia recibió la Orden de los Dominicos, misioneros proféticos que llegaron al Nuevo Mundo con la intención de difundir el Evangelio, el Santo Rosario y la defensa de los derechos humanos.
El Evangelio de hoy (Mt 14, 22-36) describe la travesía difícil y fatigosa por el mar de Galilea en una barca frágil, empujada por el viento en contra. Tras la multiplicación de los panes, Jesús despide a la multitud y pide a sus discípulos que emprendan el viaje.
En medio del mar suceden hechos que quedarán grabados en la memoria de los discípulos, como la caminata de Pedro sobre el agua. Más tarde, al llegar a tierra, le presentaron a todos los enfermos y le pedían tocar al menos la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron curados. Pero, sobre todo, resonarán en su mente las palabras reconfortantes de Jesús: «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!».
Cuando el temor nos envuelve o el desánimo nos alcanza, ¡qué bueno sería meditar en nuestro interior, una y otra vez, estas palabras! «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!». ¿Cuál es la travesía que estamos realizando hoy?, ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos? ¿Cómo nos ayuda este pasaje a reconocer hoy la presencia de Jesús en medio de las olas contrarias de la vida?
Muchas veces atravesamos situaciones de enfermedad, dificultades en el trabajo o la familia, o problemas económicos, y sentimos que nos hundimos, como Pedro. Sin embargo, el Señor está ahí, a nuestro lado, para levantarnos y cuidarnos con su amor.
Es consolador escuchar nuevamente en nuestros corazones la voz de Jesús —suave, amorosa y reconfortante— que nos invita a no temer y a confiar plenamente en Él. Jesús nos pide mantener siempre viva la fe, confiar en lo que nos pide y atrevernos a dar el paso, sabiendo que todo saldrá bien si lo tenemos a Él al frente de nuestras vidas y como nuestro objetivo final.
Que Santo Domingo de Guzmán interceda por la ciudad que lleva su nombre y por todo nuestro pueblo. Amén.
(Guía Litúrgica)
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