Homilía: XVII Semana. Tiempo Ordinario. 31 de julio del 2026
San Ignacio de Loyola, Presbítero
Viernes, 31 de julio del 2026
Color: BLANCO
XVIII Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A. 2 de agosto del 2026
- Primera Lectura. Jr 26,1-9: “Y el pueblo se juntó contra Jeremías en el templo del Señor”.
- Salmo responsorial: 68,5.8-10.14: “Que me escuche tu gran bondad, Señor”.
- Evangelio. Mt 13,54-58: “Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta”.
“Reconocer a Dios donde la costumbre nos ciega”
La Palabra de hoy nos sitúa frente a la fidelidad en medio de la oposición. Jeremías recibe una misión clara: anunciar el mensaje de Dios sin quitar ni añadir nada. Al no ser un anuncio cómodo, despierta rechazo, incomprensión y amenazas. Sin embargo, el profeta se mantiene firme: no habla por cuenta propia, sino desde la obediencia a Dios.
El salmo se hace eco de esta misma experiencia: quien vive según la voluntad de Dios, con frecuencia experimenta el rechazo, incluso de los más cercanos. Pero en medio de la prueba, la confianza no se quiebra. La oración permanece, la mirada continúa fija en Dios y el corazón halla su fuerza en la fidelidad divina.
El Evangelio muestra una realidad similar en la vida de Jesús: sus paisanos no logran reconocerlo. Se quedan en lo conocido y superficial, cerrándose a la novedad de Dios. No es por falta de signos, sino de fe; un corazón cerrado condiciona e impide acoger la acción divina.
De aquí surge una enseñanza profunda: el mayor obstáculo no siempre es la dificultad externa, sino la resistencia interior. Cuando el corazón se cierra, pierde la capacidad de acoger, reconocer y creer.
San Ignacio de Loyola vivió esta dinámica de forma radical. Comprendió que seguir a Dios exige una disponibilidad total, aun cuando el camino resulte arduo. Su vida fue una búsqueda constante de la voluntad divina, aprendiendo a discernir, obedecer y mantenerse firme en la prueba.
En este camino de santidad que recorremos como Iglesia, se nos invita a revisar nuestra disposición interior. La sinodalidad nos llama a escuchar, discernir juntos y no cerrarnos a la acción de Dios, aunque esta rompa nuestros esquemas.
Hoy el Señor nos invita a vivir con un corazón abierto y disponible, a no temer el rechazo por causa de la verdad y a evitar la cerrazón provocada por la comodidad o la costumbre.
Solo quien está verdaderamente dispuesto puede reconocer a Dios cuando actúa… y responder con fidelidad.
«Toma, Señor, y recibe… todo mi haber y mi poseer; tú me lo diste, a ti, Señor, lo torno; todo es tuyo, dispón a toda tu voluntad».
(Guía Litúrgica)
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