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Reflexionando la palabra
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Homilías

Homilía: XXIV Semana.  Tiempo Ordinario.  14 de septiembre del 2026

Domingo Vasquez Morales

Color: ROJO

  • Primera Lectura. Núm 21,4b-9: “Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado”.
  • Salmo responsorial: 77,1-2.34-35.36-37.38: “No olviden las acciones del Señor”.
  • Segunda Lectura. Fil 2,6-11: “Cristo a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios”.
  • Evangelio. Jn 3,13-17: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”.

Hoy la Iglesia nos invita a contemplar la Santa Cruz no como un símbolo de derrota, sino como la máxima expresión del amor de Dios hacia la humanidad.

En el libro de los Números (21, 4-9), el pueblo de Israel, herido por las serpientes, encuentra la salvación al mirar con fe la serpiente de bronce que levantó Moisés. Este acontecimiento prefigura el misterio de Cristo elevado en la cruz: quien contempla al Crucificado encuentra sanación, esperanza y vida.

Por ello, el Salmo nos recuerda: «No olviden las acciones del Señor». La cruz es, precisamente, la cima de su obra salvadora. En ella, Dios no se distorsiona ni abandona a su pueblo, sino que asume nuestro sufrimiento para redimirlo desde las entrañas.

San Pablo, en su Carta a los Filipenses (2, 6-11), traza la senda de Jesús: siendo de condición divina, se humilló hasta la muerte de cruz. Por esa obediencia llena de amor, el Padre lo exaltó sobre todo nombre, enseñándonos que la gloria de Cristo pasa por la entrega sincera.

Asimismo, en el Evangelio (Jn 3, 13-17), Jesús revela el corazón de este misterio: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». La cruz es el punto de encuentro entre el amor divino y la fragilidad humana; un signo no de juicio, sino de misericordia y vida eterna.

Al celebrar esta fiesta, se nos invita a mirar nuestras propias cruces con ojos renovados. Unidas a la de Cristo, dejan de ser un peso estéril para transformarse en un camino de amor, purificación y esperanza.

Oración: Señor Jesús, exaltado en la cruz por amor a nosotros, enséñanos a reconocer en ella el signo supremo de tu misericordia. Permítenos conservar siempre en el corazón las maravillas de tu salvación y renovar nuestras fuerzas al contemplar tu cruz gloriosa. Concédenos caminar a tu lado para ser también partícipes de tu resurrección. Amén.

(Guía Litúrgica)

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